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Los conflictos entre Estados alcanzaron en 2025 su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial

El balance global de conflictos de 2025 confirma un deterioro preocupante: las guerras entre Estados volvieron a crecer y la violencia organizada dejó uno de los años más mortíferos desde 1994.

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Mapa mundial y gráfico sobre la evolución de los conflictos armados entre 1975 y 2025.
Evolución de los conflictos armados en el mundo entre 1975 y 2025. Crédito: Universidad de Uppsala.

El mundo cerró 2025 con una cifra que confirma el deterioro del escenario internacional. Según el Programa de Datos sobre Conflictos de Uppsala, conocido como UCDP, los conflictos entre Estados alcanzaron su nivel más alto desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

El dato más llamativo es el salto de los conflictos interestatales. En 2023 se registraban dos, pero en 2025 la cifra llegó a ocho. Es el número más alto desde que el UCDP comenzó a recopilar estadísticas en 1946, y refleja una tendencia que va más allá de las guerras internas o los conflictos entre gobiernos y grupos armados.

Entre los casos señalados aparecen la guerra entre Rusia y Ucrania, el enfrentamiento entre Irán e Israel, el conflicto entre India y Pakistán y las tensiones armadas entre Israel y Siria. La lectura de fondo es clara: las guerras entre Estados, que durante décadas fueron menos frecuentes que otros tipos de violencia armada, han vuelto a ganar peso en el mapa global.

El UCDP también registró 65 conflictos armados con participación estatal durante 2025, la cifra más alta de toda su serie histórica. De ellos, 13 fueron clasificados como guerras, porque superaron las 1.000 muertes relacionadas con combates en un año calendario. Es el mayor número desde 1992.

2025 fue uno de los años más sangrientos desde Ruanda

El aumento no se limita al número de conflictos. También creció con fuerza la violencia letal. El UCDP estima que alrededor de 244.600 personas murieron en actos de violencia organizada durante 2025, lo que convierte al año en el segundo más sangriento desde el genocidio de Ruanda en 1994.

La guerra entre Rusia y Ucrania siguió siendo el conflicto más mortífero del mundo. Según el recuento de UCDP, dejó al menos 94.700 muertes en 2025, equivalentes a cerca del 62 % de todas las muertes relacionadas con combates registradas en el planeta durante el año.

La guerra entre Israel y Hamás y la guerra en Sudán también estuvieron entre los conflictos más sangrientos. En el caso sudanés, el informe destaca especialmente el aumento de la violencia contra civiles, con masacres tras la toma de El Fasher, en Darfur, por la Alianza Fundacional de Sudán.

Ese punto es clave porque muestra que la violencia de 2025 no fue solo una cuestión de frentes militares. El UCDP registró unas 76.500 muertes por violencia unilateral, es decir, ataques dirigidos contra civiles, un aumento de más del 400 % frente al año anterior y el nivel más alto desde 1994.

Más guerras entre Estados, menos conflictos no estatales

El informe deja una paradoja importante. Mientras aumentaron los conflictos con participación estatal y las guerras entre países, los enfrentamientos entre grupos no estatales siguieron disminuyendo. Este tipo de conflictos, como los choques entre cárteles de la droga en México, causaron unas 14.500 muertes en 2025, la cifra más baja desde 2013.

Esto no significa que la violencia criminal o paramilitar haya dejado de ser relevante. Pero sí muestra que el gran cambio de 2025 estuvo en otro lugar: el regreso de los Estados como protagonistas directos de conflictos armados más numerosos y más letales.

Para los analistas del UCDP, esta evolución apunta a un aumento de las tensiones internacionales y a cambios en el orden de seguridad global. Durante buena parte del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, las guerras directas entre Estados fueron relativamente raras. El repunte actual rompe esa imagen de estabilidad relativa.

El riesgo no está solo en cada conflicto por separado, sino en la acumulación. Cuando varias disputas estatales avanzan al mismo tiempo, crece la posibilidad de errores de cálculo, alianzas cruzadas, escaladas regionales y bloqueos diplomáticos. Un choque localizado puede dejar de ser local mucho más rápido que antes.

El balance de 2025 no dice que el mundo esté inevitablemente camino a una guerra global. Pero sí muestra que la violencia organizada está entrando en una fase más peligrosa, con más Estados involucrados, más guerras de alta intensidad y un impacto cada vez mayor sobre la población civil.

La conclusión es incómoda. El año 2025 no fue solo otro año de crisis dispersas. Fue un punto de confirmación estadística: el sistema internacional está produciendo más conflictos armados con participación estatal que en cualquier otro momento desde 1946, y la capacidad de proteger a los civiles sigue deteriorándose en varios de los escenarios más graves.

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