Así funciona el mercado global de bots: cuentas falsas baratas y manipulación en línea
Un índice global de la Universidad de Cambridge expone los precios reales de las cuentas falsas y cómo la economía de los bots impulsa la manipulación digital a escala mundial
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
El mercado global de bots y cuentas falsas se ha convertido en una industria organizada, accesible y sorprendentemente barata. Una nueva investigación de la Universidad de Cambridge ha logrado poner cifras concretas a este fenómeno, mostrando cómo es posible crear ejércitos de cuentas falsas en cientos de plataformas digitales, desde redes sociales hasta servicios de comercio electrónico, en prácticamente cualquier país del mundo.
El estudio se basa en el lanzamiento del primer índice global que rastrea en tiempo real los precios de verificación por SMS utilizados para registrar cuentas falsas. Esta herramienta permite observar cómo fluctúan los costes diarios para crear perfiles ficticios en más de 500 plataformas, revelando una economía paralela que opera de forma abierta y constante.
Uno de los hallazgos más llamativos es la enorme diferencia de precios entre países. Estados Unidos, Reino Unido y Rusia se encuentran entre los lugares más baratos para verificar cuentas falsas, con costes que en algunos casos no superan unos pocos céntimos por cuenta. En cambio, países como Japón y Australia presentan precios mucho más elevados debido a regulaciones más estrictas y al mayor coste de las tarjetas SIM.
Las plataformas más populares tampoco quedan fuera de este sistema. Redes sociales y servicios ampliamente utilizados como X, Instagram, TikTok, LinkedIn, Amazon, Shopify y Meta aparecen entre aquellos donde la creación de cuentas falsas resulta más económica. Esto facilita prácticas como la compra de seguidores, reseñas falsas, comentarios automatizados o la amplificación artificial de contenidos.
El corazón de esta economía está en las llamadas granjas de tarjetas SIM. Estas infraestructuras, que pueden ser físicas o virtuales, gestionan miles de números de teléfono reales o simulados para superar los sistemas de verificación que exigen las plataformas. Una sola tarjeta SIM puede utilizarse para registrar cuentas en múltiples servicios, lo que reduce drásticamente el coste por cuenta falsa.
La investigación también detecta patrones especialmente preocupantes en periodos electorales. En aplicaciones de mensajería directa como Telegram y WhatsApp, los precios de las cuentas falsas tienden a subir antes de elecciones nacionales en distintos países. Este aumento de la demanda sugiere la existencia de operaciones de influencia política y campañas coordinadas de manipulación de la opinión pública.
Los bots no se utilizan únicamente con fines políticos. También se emplean para promocionar productos, inflar la popularidad de artistas, mejorar artificialmente la reputación de marcas o generar polémicas diseñadas para captar atención. En un entorno dominado por algoritmos que premian la interacción, estas prácticas pueden alterar de forma significativa la visibilidad de contenidos.
El problema se agrava con el uso de inteligencia artificial generativa. Los bots actuales ya no se limitan a publicar mensajes repetitivos, sino que pueden mantener conversaciones, adaptar su lenguaje y responder a otros usuarios de forma convincente. Esto los hace cada vez más difíciles de detectar y multiplica su capacidad de influir en debates en línea.
Aunque algunas plataformas han introducido medidas para frenar estas prácticas, como etiquetas de procedencia geográfica o sistemas de detección automatizada, los investigadores advierten que muchas de estas barreras pueden sortearse fácilmente. De hecho, algunos proveedores de cuentas falsas ofrecen servicios adicionales para eludir los controles de seguridad más comunes.
Los autores del estudio señalan que uno de los puntos más vulnerables de este mercado es su dependencia de las tarjetas SIM. Regular de forma más estricta su uso, limitar la verificación masiva y exigir mayores controles de identidad podría aumentar los costes y reducir la escala de la manipulación digital.
Al convertir un mercado oculto en datos observables, la investigación deja claro que la manipulación en línea no es un fenómeno marginal ni espontáneo, sino una industria global con precios, proveedores y estrategias bien definidas. Comprender cómo funciona este sistema es un paso esencial para combatir la desinformación, proteger los procesos democráticos y recuperar la confianza en el entorno digital.
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