NexGen explora acuerdos con tecnológicas para financiar nuevas minas de uranio ante el auge de la IA
El auge de la inteligencia artificial está disparando la demanda eléctrica de los centros de datos y comienza a alterar la cadena de suministro energética. En ese contexto, desarrolladores de uranio como NexGen exploran acuerdos con proveedores tecnológicos para financiar nuevas minas y asegurar combustible nuclear a largo plazo.
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
3 min lectura
La expansión acelerada de la inteligencia artificial no solo transforma el mercado del software, sino también el de la energía. El entrenamiento y operación de modelos avanzados requiere infraestructuras informáticas masivas, y esas infraestructuras consumen cantidades crecientes de electricidad. A medida que se multiplican los centros de datos, la presión sobre la generación eléctrica aumenta, abriendo espacio para fuentes estables y bajas en emisiones como la energía nuclear.
En ese escenario, el uranio recupera protagonismo estratégico. NexGen Energy, desarrollador canadiense, ha mantenido conversaciones preliminares con proveedores de centros de datos para explorar fórmulas de financiación de su proyecto Rook 1, en Saskatchewan. La lógica es clara: si las tecnológicas invierten cientos de miles de millones en infraestructuras digitales, necesitan garantizar que habrá energía suficiente y continua para alimentarlas.
El precedente no es menor. Hace algunos años, fabricantes de automóviles financiaron proyectos mineros de materiales para baterías con el fin de asegurar el suministro ante el auge del vehículo eléctrico. La posible implicación de empresas tecnológicas en proyectos de uranio seguiría esa misma lógica de integración hacia atrás en la cadena de valor: respaldar la extracción para reducir el riesgo de escasez futura.
Rook 1 aspira a comenzar producción en 2030 y, según la compañía, podría abastecer más de una quinta parte de la demanda mundial. Esa proporción indica la magnitud del proyecto y también el tamaño del mercado potencial. Para los centros de datos, asegurar contratos de suministro a largo plazo significaría blindarse frente a la volatilidad y garantizar acceso a electricidad nuclear estable.
El precio del uranio se sitúa en torno a los 88 dólares por libra, después de haber superado los 100 dólares recientemente ante expectativas de expansión nuclear en China e India. Estos niveles reflejan un mercado que anticipa mayor demanda estructural. Cuando el precio sube por perspectivas de crecimiento en la generación nuclear, señala que el mercado espera una ampliación sostenida del parque de reactores.
En este contexto, la inteligencia artificial actúa como catalizador adicional. Si los centros de datos requieren generación continua y baja en carbono para cumplir objetivos climáticos y operativos, la energía nuclear ofrece una combinación atractiva: estabilidad y menores emisiones directas. Eso eleva el interés por el uranio como insumo estratégico, no solo como materia prima energética tradicional.
Las conversaciones descritas por NexGen no implican cambios de control empresarial, sino posibles acuerdos de financiación y suministro a largo plazo. En términos sencillos, se trataría de garantizar que, cuando la mina produzca, parte del combustible tenga destino asegurado. Este tipo de acuerdos también permite a las mineras mantener exposición al precio del uranio en el momento de la entrega, beneficiándose de eventuales alzas futuras.
Lo que emerge es un cambio más amplio en la geoeconomía de la energía. La competencia por potencia informática se traduce en competencia por electricidad confiable. Y esa competencia puede empujar a las grandes tecnológicas a involucrarse directamente en la financiación de materias primas estratégicas. Si la inteligencia artificial redefine industrias enteras, también podría estar redefiniendo la cadena global del uranio y el papel de la energía nuclear en la transición energética.
Fuente: Reuters
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