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Un agricultor chino construye un submarino casero eléctrico capaz de sumergirse con dos personas

Un agricultor en China desarrolla un submarino artesanal capaz de sumergirse varios metros, en una historia que mezcla innovación doméstica, riesgos técnicos y nuevas preguntas sobre transporte y energía.

3 min lectura
Hombre probando un submarino casero eléctrico en un río
Créditos: People’s Daily Online.

La imagen es sencilla pero potente: un agricultor probando su propio submarino en un río. Zhang Shengwu, residente en la provincia china de Anhui, ha construido un sumergible casero de unas cinco toneladas, con capacidad para dos personas y autonomía de hasta 30 minutos bajo el agua.

El proyecto, bautizado como “Big Black Fish”, puede alcanzar una profundidad aproximada de ocho metros. Más allá de la anécdota viral, el caso refleja un proceso largo de prueba y error que comenzó en 2014, cuando el propio Zhang decidió intentar construir algo que nunca había visto de cerca.

Su primer prototipo fue más pequeño y problemático. Con una inversión inicial de unos 5.000 yuanes, fabricó una versión básica que sufrió filtraciones. Lejos de abandonar, continuó mejorando el diseño hasta desarrollar una segunda versión más robusta, en la que ha invertido más de 40.000 yuanes.

El modelo actual incorpora una cabina para dos tripulantes, sistemas de lastre y contrapesos de hormigón para estabilizar la estructura bajo el agua. Estos elementos, habituales en submarinos convencionales, permiten controlar la flotabilidad, aunque en un entorno sin certificación técnica el margen de error sigue siendo elevado.

Uno de los aspectos más llamativos es su sistema de propulsión. El submarino funciona con baterías que alimentan un motor eléctrico, evitando la combustión directa de combustibles fósiles durante su uso. Este detalle conecta con una tendencia más amplia en el transporte marítimo hacia sistemas energéticos menos contaminantes.

El contexto global refuerza esa lectura. El transporte marítimo representa cerca del 2,9% de las emisiones globales de CO2, lo que ha llevado a organismos internacionales a impulsar cambios en la forma en que se mueve mercancía y personas por mar. La electrificación aparece como una de las vías posibles, aunque no resuelve por sí sola el problema.

La clave está en el origen de la energía. Un sistema eléctrico elimina emisiones en el punto de uso, pero su impacto real depende de cómo se genera esa electricidad. Por eso, las estrategias actuales del sector marítimo insisten en evaluar todo el ciclo energético, desde la producción hasta el consumo.

Más allá del componente ambiental, el caso plantea cuestiones de seguridad. A ocho metros de profundidad, la presión ya aumenta de forma significativa, lo que exige estructuras bien selladas y resistentes. En proyectos caseros, la ausencia de controles y certificaciones introduce riesgos difíciles de medir.

El propio Zhang reconoció su preocupación durante las primeras pruebas, especialmente ante la posibilidad de filtraciones. Esa tensión entre curiosidad e inseguridad forma parte de este tipo de iniciativas, donde la innovación avanza más rápido que las garantías técnicas.

También aparece otro elemento menos visible: la gestión de residuos. Componentes como baterías o sellantes requieren un tratamiento adecuado al final de su vida útil. Sin ese control, la misma tecnología que busca reducir emisiones puede generar nuevos focos de contaminación.

El submarino “Big Black Fish” no transformará el transporte marítimo, pero sí ilustra un cambio de fondo. La experimentación con sistemas eléctricos y nuevas formas de movilidad ya no se limita a grandes empresas o laboratorios. Incluso en un entorno artesanal, empieza a reflejar las tensiones entre innovación, sostenibilidad y riesgo.

Fuentes

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People’s Daily Online

en.people.cn/n3/2025/0721/c98649-20343080.html

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