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Argentina y Chile impulsan un megatúnel en los Andes a más de 4.000 metros de altura

Argentina y Chile vuelven a impulsar el túnel de Agua Negra, una infraestructura pensada para operar todo el año y facilitar una salida directa al Pacífico desde el interior sudamericano.

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Cordillera de los Andes nevada con lago de montaña en primer plano

En la cordillera de los Andes hay pasos que dependen completamente del clima, y Agua Negra es uno de los más claros. Situado a gran altitud, solo puede utilizarse durante unos meses al año, lo que condiciona tanto el transporte de mercancías como los desplazamientos entre ambos países.

Esa limitación tiene un impacto real. Durante largos periodos, la ruta permanece cerrada por nieve, hielo o viento, obligando a esperar o a buscar alternativas más largas y costosas. En la práctica, no es solo una cuestión de incomodidad, sino de costes logísticos y de incertidumbre para quienes dependen del cruce.

Un paso estacional que el túnel quiere convertir en permanente

El proyecto busca resolver ese problema estructural mediante un túnel que reduzca la altitud del cruce y permita mantenerlo operativo durante todo el año, incluso cuando las condiciones en superficie son adversas y hoy obligan a cerrar la ruta durante meses.

El paso actual se encuentra a unos 4.765 metros sobre el nivel del mar y solo es transitable entre noviembre y comienzos de abril, lo que deja fuera de servicio el cruce durante aproximadamente siete meses al año.

El nuevo trazado plantea portales a unos 4.085 metros en Argentina y 3.620 metros en Chile, con una longitud estimada de 13,9 kilómetros, lo que reduce la exposición directa a nieve persistente, hielo y viento en una de las zonas más exigentes de la cordillera.

Esa diferencia no es solo técnica. Menos altura implica menos cierres y mayor estabilidad en el tránsito, lo que permitiría planificar rutas sin depender del clima y reducir tiempos muertos que hoy encarecen el transporte y afectan a la actividad económica.

El diseño contempla dos túneles paralelos, uno por cada sentido de circulación, con el objetivo de mejorar la seguridad y la operación en un entorno donde conviven vehículos ligeros y transporte pesado en condiciones de alta montaña.

Un corredor bioceánico con efectos económicos y ambientales

El túnel de Agua Negra forma parte del Corredor Bioceánico Central, un eje que conectaría el Atlántico, desde zonas como Porto Alegre en Brasil, con el Pacífico en Coquimbo, en Chile, modificando el mapa logístico de varias regiones del interior argentino.

El proyecto también refleja su escala en la inversión. El Banco Interamericano de Desarrollo sitúa el coste en torno a los 1.500 millones de dólares, lo que lo convierte en una de las infraestructuras más relevantes dentro de los planes de integración regional.

La mejora del cruce puede reducir tiempos de viaje y evitar desvíos largos, pero también puede aumentar el volumen de tráfico por carretera. Ese crecimiento introduce nuevas variables, como el impacto en emisiones, ruido o seguridad vial en las localidades cercanas al corredor.

El contexto climático añade otra capa de complejidad. El transporte representa una parte significativa de las emisiones globales, y dentro de ese bloque la carretera tiene un peso importante, lo que plantea dudas sobre el balance real de una infraestructura de este tipo.

El efecto final depende del uso. Si el túnel sustituye rutas más largas y esperas con motores en marcha, puede reducir emisiones; si genera más tráfico por efecto de la mejora, el impacto puede ir en sentido contrario.

A esto se suma el entorno en el que se construye. La alta cordillera es un sistema frágil, donde nieve y glaciares actúan como reservas de agua y ya muestran signos de retroceso en las últimas décadas.

En el entorno de Agua Negra, estudios citan pérdidas significativas de masa glaciar, lo que refuerza la sensibilidad del proyecto desde el punto de vista ambiental y obliga a evaluar con detalle su impacto.

La obra no se limita a excavar un túnel. Implica gestionar material, controlar polvo, tráfico de maquinaria y proteger cursos de agua, aspectos que forman parte del análisis ambiental y que suelen definir la viabilidad real de este tipo de proyectos.

El megatúnel promete resolver un problema histórico de conectividad, pero también introduce nuevas tensiones. No solo conecta territorios, también redefine flujos económicos y aumenta la presión sobre un entorno especialmente delicado de la cordillera andina.

Fuentes

1
BID

www.iadb.org/en/project/RG-L1116

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