Medio Ambiente
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Cada vez que friegas los platos liberas microplásticos, pero el verdadero peligro para el planeta es otro

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Esponja de cocina sobre una superficie de madera

Un equipo liderado por la Universidad de Bonn, junto con el Instituto Fraunhofer UMSICHT y la Universidad de Leiden, ha medido cuántas partículas plásticas desprende una esponja de cocina durante el fregado diario y qué efecto tienen sobre el entorno. El trabajo, recogido por ScienceDaily el 1 de junio de 2026, combina pruebas de laboratorio con ciencia ciudadana: hogares voluntarios de Alemania y Norteamérica usaron uno de tres tipos de esponja en su rutina habitual y documentaron su uso.

Para cuantificar el desgaste, los investigadores pesaron cada esponja antes y después de usarla. En paralelo, un dispositivo automatizado bautizado como "SpongeBot" reprodujo en el laboratorio el estrés mecánico que sufre una esponja al fregar.

El resultado central es claro: todas las esponjas analizadas pierden material y, con él, sueltanmicroplásticos. La liberación anual va de unos 0,68 a 4,21 gramos por persona, según el tipo de esponja. Las fabricadas con menos plástico desprenden bastantes menos partículas.

La cifra por persona parece pequeña, pero se multiplica al escalarla. Los autores estiman que, si un determinado tipo de esponja se usara en todos los hogares de Alemania, las emisiones podrían alcanzar 355 toneladas de microplásticos al año. Las depuradoras retienen buena parte de esas partículas, aunque varias toneladas acabarían igualmente en ríos, lagos, mares y suelos.

Aquí llega el matiz más interesante del estudio, y el que rompe la intuición. Cuando los investigadores evaluaron el impacto ambiental completo del fregado manual, el plástico no fue el factor decisivo. Entre el 85 % y el 97 % del impacto total procede del consumo de agua, no de las partículas que suelta la esponja.

Es decir: la esponja contamina, pero lo que realmente pesa en la balanza ambiental es cuánta agua dejamos correr mientras lavamos los platos. El microplástico aporta una fracción mucho menor del daño global a los ecosistemas.

A partir de ahí, el equipo propone tres gestos sencillos. El de mayor efecto es gastar menos agua al fregar. Después, elegir esponjas con menos contenido plástico para reducir la liberación de partículas. Y, por último, alargar la vida útil de cada esponja, porque cuanto más dura, menos recursos consume en conjunto.

Conviene leer el hallazgo con cautela. Se trata de un análisis de ciclo de vida basado en tres tipos de esponja y en hábitos de hogares concretos, no de una medición universal: la cifra de 355 toneladas es una extrapolación a escala nacional, no un dato observado directamente. El estudio tampoco evalúa los posibles efectos sobre la salud de ingerir o inhalar estos microplásticos, una cuestión que la ciencia todavía no ha cerrado. Lo que sí ofrece es una jerarquía útil para el día a día: antes de obsesionarnos con la esponja, conviene cerrar el grifo.

Fuentes

1
ScienceDaily

www.sciencedaily.com/releases/2026/06/260601025356.htm

2
Universidad de Bonn

www.uni-bonn.de/en/news/045-2026

3
ScienceDirect

www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2666765726000116

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