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Científicos usan luz láser para mover objetos sin contacto y abrir una vía a futuras naves sin combustible

Investigadores han demostrado que la luz láser puede levantar y mover dispositivos microscópicos diseñados para responder como pequeños motores ópticos.

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Microestructura impulsada por un láser en el espacio

Mover algo sin tocarlo parece una escena de ciencia ficción, pero a escala microscópica empieza a ser una posibilidad real. Un equipo de la Universidad de Texas A&M ha demostrado que pequeños dispositivos llamados metajets pueden desplazarse cuando reciben luz láser, sin motor propio ni combustible a bordo.

El avance todavía está lejos de una nave espacial capaz de viajar sin propulsante. Lo que se ha probado es mucho más pequeño y controlado: estructuras de tamaño microscópico, menores que el grosor de un cabello humano, que reaccionan a la luz de una forma diseñada de antemano. Aun así, el experimento muestra algo importante. La luz no solo ilumina. También puede empujar.

La presión de la luz empieza a ser útil

La luz no tiene masa como un objeto sólido, pero sí transporta momento. Cuando choca con una superficie puede ejercer una fuerza diminuta, conocida como presión de radiación. En la vida diaria es imperceptible, porque la fuerza es demasiado débil. Nadie nota cómo le empuja una lámpara al entrar en una habitación.

En escalas muy pequeñas, la situación cambia. Si el objeto está fabricado con una estructura pensada para desviar la luz de una forma concreta, ese empuje puede organizarse y convertirse en movimiento. Ahí entran los metajets.

Estos dispositivos están hechos con metasuperficies, materiales muy finos con patrones diminutos capaces de modificar el recorrido de la luz. En este caso, los investigadores usaron nanopilares de silicio colocados con precisión. Cada uno altera ligeramente la trayectoria del haz, y la suma de todos esos cambios genera una fuerza dirigida.

La diferencia con una superficie normal es que el empuje no queda limitado a una respuesta simple. La propia estructura del objeto ayuda a decidir hacia dónde se moverá.

Un experimento diminuto con una idea grande

Para probar el concepto, el equipo colocó los metajets en una celda con agua y proyectó un láser desde abajo. El entorno no se parece a una misión espacial, pero permite observar con claridad cómo responden estos objetos a la luz.

En una de las pruebas, la metasuperficie alcanzó una eficiencia de difracción del 58 % y el metajet se movió a unos 4,75 micrómetros por segundo. Es una velocidad mínima, pero en este caso la velocidad no era lo más importante. Lo decisivo era comprobar si el movimiento podía controlarse.

El objeto se desplazó en dirección opuesta a la luz refractada, tal como preveía el modelo físico. Ese detalle descarta la idea de un movimiento accidental provocado por el líquido o por una perturbación externa. La respuesta encajó con la fuerza generada por la interacción entre el láser y la metasuperficie.

Además, los metajets mostraron maniobrabilidad en tres dimensiones. Eso significa que la luz no solo puede empujar en línea recta, sino levantar y dirigir el objeto con más libertad. Para una tecnología de propulsión óptica, ese control es una parte esencial del avance.

La promesa de viajar con luz

La parte más llamativa es la posible aplicación espacial. Las naves actuales avanzan expulsando masa, ya sea con combustibles químicos u otros sistemas de propulsión. Una tecnología basada en luz plantea otra lógica: recibir empuje desde fuera, sin cargar todo el combustible a bordo.

En teoría, los sistemas de propulsión óptica podrían reducir mucho los tiempos de viaje interestelar. Texas A&M recuerda que llegar a Alfa Centauri con cohetes actuales llevaría cientos de miles de años, mientras que una propulsión basada en luz podría imaginar viajes de décadas. Pero esa comparación debe leerse con cuidado. Lo demostrado ahora no es una nave, ni una vela espacial gigante, ni un sistema listo para misiones reales.

El reto está en escalar. Mover objetos de micras en una celda de agua no equivale a impulsar estructuras grandes en el espacio. Haría falta mucha potencia láser, materiales capaces de resistir el proceso, estabilidad durante largos periodos y pruebas en microgravedad.

Antes de las naves, el laboratorio

Las primeras aplicaciones podrían llegar mucho antes en entornos pequeños. Mover objetos sin contacto puede ser útil para manipular piezas delicadas, trabajar con materiales sensibles o desarrollar dispositivos microscópicos donde tocar el objeto puede dañarlo o contaminarlo.

También encaja con campos que ya usan fuerzas ópticas para estudiar partículas, células o materiales. La diferencia es que aquí el control no depende solo del haz láser, sino también del diseño del objeto. La superficie se convierte en parte activa del sistema.

Hay otro matiz importante. Que una nave no lleve combustible a bordo no significa que el impacto sea cero. La energía del láser tendría que producirse en algún lugar, y esa electricidad puede venir de fuentes limpias o contaminantes. Aun así, reducir masa y combustible en una misión espacial podría simplificar mucho ciertos diseños futuros.

Por ahora, los metajets son una prueba de principio. Pequeña, lenta y todavía muy lejos de una nave real, pero con una idea potente detrás. Si se puede diseñar un objeto para que la luz lo empuje y lo dirija, la propulsión deja de depender solo de motores tradicionales. La luz, usada de forma precisa, también puede convertirse en una herramienta para mover materia.

Fuentes

1
CELL

www.cell.com/newton/fulltext/S2950-6360%2826%2900073-3

2
Universidad de Texas A&M

stories.tamu.edu/news/2026/04/27/light-powered-propulsion-expands-space-exploration-possibilities/

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