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Qué es un magnetar y por qué tiene el campo magnético más potente del universo

Imagina una estrella tan densa que una cucharadita de su materia pesaría más que el Everest. Ahora imagínala girando sobre sí misma cada pocos segundos, lanzando destellos de rayos gamma capaces de afectar a la atmósfera terrestre desde 50.000 años luz de distancia. Eso es un magnetar: el objeto más magnético conocido del universo, y uno de los fenómenos más extremos —y fascinantes— que la astrofísica ha descubierto jamás.

Si te has topado alguna vez con la palabra "magnetar" y te ha picado la curiosidad, agárrate. Lo que viene es una de esas historias cósmicas que parecen ciencia ficción… solo que son completamente reales.

9 min lectura
Magnetar con campo magnético extremo en el espacio

¿Qué es exactamente un magnetar?

Un magnetar (o magnétar, magnetoestrella) es un tipo muy especial de estrella de neutrones con un campo magnético tan brutalmente intenso que rompe cualquier escala humana. Hablamos de un imán cósmico billones de veces más potente que el campo magnético de la Tierra.

Para que te hagas una idea de lo que es una estrella de neutrones: es el cadáver ultradenso de una estrella masiva que, tras morir en una explosión de supernova, colapsó sobre sí misma. El resultado es una bola de apenas 20 kilómetros de diámetro —el tamaño de una ciudad mediana— que contiene más masa que nuestro Sol entero.

Ahora bien, no todas las estrellas de neutrones son iguales. La mayoría son púlsares "normales" que rotan rapidísimo y emiten haces de radiación. Pero un pequeño grupo, aproximadamente 1 de cada 10 supernovas, da lugar a algo distinto: un magnetar. Y la diferencia está en su campo magnético, que es absolutamente monstruoso.

¿Cómo se forma un magnetar?

Aquí es donde la cosa se pone interesante. La receta para crear un magnetar requiere ingredientes muy concretos:

  • Una estrella masiva. Tiene que ser una estrella con varias veces la masa del Sol. Cuando se queda sin combustible nuclear, no puede sostener su propio peso y colapsa de golpe.
  • Una explosión de supernova. El colapso provoca una de las explosiones más violentas que existen en el cosmos. Las capas exteriores salen disparadas al espacio y solo queda el núcleo, comprimido hasta lo imposible.
  • Una rotación inicial muy rápida. Aquí está la clave. Si la estrella original gira lo suficientemente rápido en el momento del colapso, las corrientes de convección de materia nuclear (que actúan durante los primeros 10 segundos de vida de la estrella de neutrones) se vuelven globales y funcionan como una dinamo gigantesca, transfiriendo su energía al campo magnético.
  • Un campo magnético previo intenso. Los astrónomos creen que la estrella progenitora ya tenía que ser bastante magnética antes de explotar. De hecho, en 2023 se identificó por primera vez una estrella viva candidata a convertirse en magnetar: HD 45166, una estrella de helio masiva con un campo magnético de 43.000 gauss, situada a 3.200 años luz en la constelación de Monoceros.

Cuando todo encaja, nace un monstruo magnético.

¿Por qué sus campos magnéticos son tan extremos? La explicación física, sin tecnicismos

Esta es la pregunta del millón. Y la respuesta es sorprendentemente intuitiva una vez la entiendes.

Imagina que tienes una estrella enorme, del tamaño del Sol, con su propio campo magnético repartido por toda su superficie. Ahora imagina que comprimes esa estrella entera hasta una bola de 20 kilómetros. ¿Qué pasa con las líneas de campo magnético?

Pues que se aplastan unas contra otras y se concentran de forma brutal. La intensidad de un campo magnético depende de cuántas líneas de campo atraviesan una unidad de superficie. Y si reduces la superficie millones de veces… la densidad de esas líneas se dispara. Es lo que los físicos llaman conservación del flujo magnético.

A esto súmale el efecto dinamo durante los primeros segundos de vida del magnetar y el resultado es demencial: campos magnéticos de entre 10¹³ y 10¹⁵ gauss.

Para que te hagas una idea de lo que significa esa cifra:

  • Una brújula movida por el campo magnético de la Tierra: 0,6 gauss
  • Un imán de nevera: 100 gauss
  • Una máquina de resonancia magnética de hospital: unos 15.000 gauss
  • Los electroimanes más potentes fabricados por el ser humano: unos cuantos millones de gauss
  • Un magnetar: 1.000.000.000.000.000 de gauss

Sí, has leído bien. Mil billones de gauss. Eso es aproximadamente mil billones de veces más potente que el campo magnético del Sol, y unas cien millones de veces más fuerte que cualquier imán que la humanidad haya conseguido construir.

¿Qué pasaría si un magnetar estuviera cerca de la Tierra?

Aquí toca prepararse para una mala noticia: muy mal asunto. Pero respira tranquilo, porque el magnetar más cercano conocido está a miles de años luz.

Si un magnetar como SGR 1806-20 hubiera soltado su llamarada de 2004 a solo 10 años luz de nosotros (la distancia a la que están algunas de las estrellas más cercanas), las consecuencias habrían sido catastróficas:

  • Destrucción de la capa de ozono, dejándonos expuestos a la radiación ultravioleta del Sol.
  • Alteración del clima global, con efectos devastadores sobre los ecosistemas.
  • Daño grave a la atmósfera, posiblemente dejando el planeta inhabitable.

Y eso a 10 años luz. Si te acercas todavía más, la cosa se vuelve directamente surrealista. Se estima que a unos 1.000 kilómetros de un magnetar, el campo magnético sería tan intenso que distorsionaría los átomos de tu cuerpo, alargándolos como spaghettis y rompiendo cualquier estructura química conocida. Antes de morir, dejarías de ser materia tal como la entendemos.

La buena noticia: no hay ningún magnetar lo suficientemente cerca como para preocuparnos. Y mejor que siga así.

Las consecuencias de los magnetares en el espacio

Los magnetares no son solo curiosidades cósmicas: tienen efectos reales y medibles en el universo que nos rodea.

Estallidos de rayos gamma (GRB). Cuando la corteza de un magnetar se rompe (algo así como un "terremoto estelar"), libera cantidades absurdas de energía en forma de rayos X y rayos gamma. De hecho, los famosos estallidos de rayos gamma cortos que durante décadas desconcertaron a los astrónomos se atribuyen ahora, en parte, a llamaradas gigantes de magnetares en otras galaxias.

Posibles culpables de los FRB. Los Fast Radio Bursts o ráfagas rápidas de radio son uno de los mayores misterios de la astrofísica reciente: pulsos de radio brevísimos pero enormemente energéticos que vienen de fuera de la galaxia. En 2020, observaciones de magnetares en la Vía Láctea durante sus fases de máxima actividad permitieron confirmar que al menos parte de estos FRB son producidos por magnetares.

Influencia en la evolución de las galaxias. Las llamaradas gigantes inyectan partículas y radiación de altísima energía en el medio interestelar, y esto afecta a cómo se forman nuevas estrellas en su entorno.

Detección desde la atmósfera terrestre. Sí, has leído bien. La llamarada de SGR 1806-20 en 2004, a pesar de venir desde 50.000 años luz, fue lo bastante potente como para alterar momentáneamente las capas superiores de la atmósfera de la Tierra. Los magnetares no solo "se ven", se sienten.

Datos curiosos y récords reales que te volarán la cabeza

Vamos al lado divertido, porque los magnetares baten récords cósmicos a un ritmo que asusta.

SGR 1806-20: el rey magnético. A día de hoy es uno de los magnetares más extremos conocidos. Está a 50.000 años luz de la Tierra, en la constelación de Sagitario. Mide unos 20 km de diámetro, tarda 7,5 segundos en girar sobre sí mismo (lo que implica una velocidad de rotación en superficie de unos 30.000 km/h) y su campo magnético supera los 10¹¹ teslas. El 27 de diciembre de 2004, este magnetar liberó una llamarada gigante que en dos centésimas de segundo soltó más energía que la que produce el Sol en 250.000 años. Esa explosión fue unas 100 veces más potente que cualquier estallido similar registrado hasta entonces.

Vida cortísima. Aunque parezcan eternos, los magnetares "viven" muy poco en términos cósmicos: sus campos magnéticos se colapsan al cabo de unos 10.000 años, perdiendo su capacidad de emitir esas potentes ráfagas de rayos X y gamma. Después se quedan dormidos. Se calcula que en la Vía Láctea podría haber unos 30 millones de magnetares ya inactivos.

Llamarada gigante intergaláctica. En noviembre de 2023, la misión Integral de la ESA detectó un destello de rayos gamma de una décima de segundo procedente de la galaxia M82, a 12 millones de años luz. ¿La causa? La llamarada gigante de un magnetar. Es solo la cuarta llamarada gigante de este tipo registrada en 50 años de observaciones.

Pocos confirmados. Hoy se conocen apenas unos 30 magnetares activos confirmados, pero eso no significa que sean raros: simplemente, son difíciles de detectar y solo "brillan" durante una fracción ínfima de su existencia.

En resumen: pequeños monstruos magnéticos del cosmos

Los magnetares son la prueba viviente de que el universo siempre tiene un truco más bajo la manga. En una bola del tamaño de una ciudad cabe la masa de una estrella entera, gira sobre sí misma cada pocos segundos y emite el campo magnético más potente que conocemos: mil billones de veces más fuerte que el de la Tierra.

Se forman en las muertes más violentas de estrellas masivas, viven apenas 10.000 años activos y, durante ese tiempo, son capaces de liberar más energía en una décima de segundo que el Sol en 250.000 años. Si uno se asomara cerca de nuestro planeta, sería una sentencia. Pero a la distancia segura desde la que los observamos, son una de las ventanas más espectaculares para entender los límites de la física.

La próxima vez que mires un imán de la nevera, recuerda: en algún rincón de la Vía Láctea hay un cadáver estelar girando en silencio, con un campo magnético tan brutal que dejaría tu imán al nivel de un susurro frente a un trueno cósmico.

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