Logotipo de Iceebook Iceebook - Noticias de Ciencia, Tecnología, Economía y más

El oro alcanza máximos históricos y supera los 5.100 dólares por la demanda de refugio de bancos centrales

El oro marca nuevos récords por encima de los 5.100 dólares la onza mientras bancos centrales e inversores huyen de la volatilidad y buscan protección frente a riesgos políticos y económicos.

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

3 min lectura

Lingotes de oro apilados

El oro vuelve a comportarse como lo ha hecho durante siglos en tiempos de incertidumbre: atraer dinero cuando todo lo demás parece frágil. Con los precios superando los 5.100 dólares la onza, el metal encadena nuevos máximos históricos impulsado por una mezcla de tensiones geopolíticas, dudas sobre la política monetaria y movimientos defensivos de grandes inversores. Más que una simple subida de mercado, es una señal de desconfianza generalizada hacia el entorno económico.

Cuando el oro sube con tanta fuerza no suele deberse a la industria ni a la joyería, sino al miedo. Bancos centrales, fondos y ahorradores buscan activos que no dependan de gobiernos, empresas o promesas de pago. A diferencia de una acción o un bono, el oro no quiebra ni entra en suspensión de pagos. Esa percepción de seguridad explica por qué reaparece como refugio cada vez que el panorama se complica.

El contexto actual reúne varios ingredientes clásicos para ese movimiento. Las tensiones comerciales, la volatilidad política en Estados Unidos y las dudas sobre el rumbo de los tipos de interés han debilitado al dólar y aumentado la demanda de coberturas. Cuando la moneda estadounidense pierde fuerza, los metales cotizados en dólares resultan más atractivos para compradores internacionales, lo que añade presión alcista adicional.

A esto se suma el papel creciente de los bancos centrales. En los últimos años muchas economías han incrementado sus reservas de oro como forma de diversificar riesgos y reducir dependencia del dólar. Es una tendencia silenciosa, pero poderosa: compras constantes, a gran escala, que retiran metal del mercado y sostienen los precios incluso cuando el apetito minorista se enfría.

El rally no se limita al oro. La plata, el platino y el paladio también avanzan con fuerza, lo que sugiere un movimiento más amplio hacia los metales preciosos como bloque defensivo. Parte responde a usos industriales, pero otra parte es puramente financiera: inversores que prefieren activos tangibles frente a mercados bursátiles percibidos como sobrevalorados o inestables.

Sin embargo, las subidas rápidas también tienen su lado incómodo. El oro es conocido por sus correcciones bruscas. Cuando el miedo se modera o los tipos de interés reales suben, muchos compradores desaparecen tan rápido como llegaron. Por eso los picos históricos suelen ir acompañados de oscilaciones fuertes y no de trayectorias lineales. Lo que hoy parece refugio mañana puede retroceder con la misma intensidad.

Para el inversor común, estos niveles plantean una pregunta práctica: ¿proteger o llegar tarde? Históricamente, el oro funciona mejor como seguro que como apuesta especulativa. Sirve para diversificar carteras y amortiguar crisis, no para perseguir ganancias rápidas tras un rally prolongado. Comprar por pánico suele ser tan arriesgado como vender por miedo.

En cualquier caso, el mensaje del mercado es claro. Cuando el dinero fluye masivamente hacia el oro, no está celebrando crecimiento, sino preparándose para turbulencias. Los récords del metal no solo hablan de su valor, hablan de la inquietud global. Y mientras esa incertidumbre siga presente, el atractivo del refugio dorado seguirá marcando el pulso de los precios.

Continúa informándote