El hallazgo procede del análisis de rocas arcillosas en el monte Sharp, una región que en el pasado albergó agua en forma de lagos y arroyos. Ese entorno favoreció la acumulación de minerales capaces de preservar compuestos basados en carbono durante miles de millones de años.
El protagonista de este avance es Curiosity, el rover de la NASA, que llevó a cabo el experimento sobre una muestra conocida como Mary Anning 3. Los científicos sostienen que los compuestos detectados podrían haber permanecido intactos durante unos 3.500 millones de años.
El análisis se realizó con el instrumento SAM, un laboratorio químico integrado en el propio vehículo. Por primera vez, este sistema aplicó fuera de la Tierra una técnica conocida como termoquimólisis húmeda, que permite descomponer moléculas complejas en estructuras más simples para facilitar su identificación.
El resultado fue la detección de 21 moléculas orgánicas, siete de ellas nunca antes observadas en Marte. Según la NASA, se trata de la colección más diversa de compuestos de este tipo encontrada hasta ahora en el planeta rojo, lo que amplía de forma significativa el inventario químico conocido.
Entre los compuestos identificados destacan algunos con estructuras asociadas a los precursores del ARN y el ADN, así como otros que contienen azufre y carbono. Este tipo de moléculas también se ha encontrado en meteoritos, lo que abre la puerta a escenarios donde la química prebiótica se distribuyó por el sistema solar en sus primeras etapas.
Para validar los resultados, los investigadores replicaron el experimento en la Tierra con el meteorito Murchison, un fragmento de más de 4.000 millones de años. La prueba mostró que moléculas complejas pueden descomponerse en otras más simples bajo condiciones similares, lo que respalda la interpretación de los datos marcianos.
A pesar de la relevancia del hallazgo, los científicos insisten en un punto clave: no se trata de una prueba de vida. La propia NASA subraya que, por ahora, no es posible determinar si estas moléculas tienen un origen biológico o si se formaron mediante procesos geológicos.
Lo que sí queda reforzado es otro escenario: el Marte antiguo contaba con las condiciones químicas necesarias para albergar vida. La presencia y conservación de estos compuestos indica que el planeta pudo mantener durante largos periodos un entorno compatible con procesos prebióticos.
Más allá del resultado concreto, el avance también tiene implicaciones para futuras misiones. Técnicas como la empleada en Curiosity podrían incorporarse en nuevos proyectos de exploración, ampliando la capacidad de detectar y analizar compuestos orgánicos en otros cuerpos del sistema solar.
El descubrimiento no resuelve la pregunta sobre si hubo vida en Marte, pero redefine el punto de partida. Ya no se trata solo de buscar señales biológicas, sino de entender hasta qué punto el planeta fue capaz de sostener la química que las hace posibles en un entorno que se volvió frío y seco.