La inteligencia artificial suele discutirse por su consumo eléctrico, pero hay otro recurso que empieza a tensar la relación entre las grandes tecnológicas y las comunidades locales: el agua. Los centros de datos necesitan refrigerar miles de servidores que trabajan sin descanso, y una de las formas más usadas para hacerlo consiste precisamente en evaporar agua dulce.
El problema es incómodo porque no tiene una salida perfecta. Usar más agua puede reducir parte del consumo eléctrico dedicado a la refrigeración. Pero ahorrar agua puede obligar a gastar más energía, sobre todo en verano, cuando los centros de datos se calientan más y las redes eléctricas ya suelen estar bajo presión.
La refrigeración evaporativa funciona de forma relativamente simple. El agua absorbe calor de los servidores y luego se bombea hacia torres de refrigeración, donde se evapora al exterior. Es eficiente para controlar la temperatura, pero puede dejar una huella hídrica enorme en regiones donde el agua ya es un recurso escaso.
El caso de Google en Council Bluffs, Iowa, muestra la escala del debate. Según la información citada por la fuente, esas instalaciones consumieron más de 1.000 millones de galones de agua en 2024. Y el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley proyectó que los centros de datos a hiperescala podrían consumir hasta 33.000 millones de galones en 2030 si dependen mucho de esta tecnología.
No es una cifra comparable con la agricultura en términos generales, pero sí puede ser crítica a escala local. El agua no se mide solo por volumen total, sino por dónde se usa, en qué temporada y con qué presión sobre la cuenca. En verano, la demanda de refrigeración de los centros de datos puede coincidir con el mayor consumo municipal y con situaciones de sequía.
El dilema entre ahorrar agua o gastar más electricidad
Microsoft, OpenAI y Oracle han anunciado que dejarán atrás la refrigeración por evaporación en algunos proyectos para reducir su consumo de agua. Esa decisión puede sonar lógica en regiones secas, pero no elimina el problema ambiental. Si el centro de datos necesita más electricidad para refrigerarse y esa electricidad viene de fuentes contaminantes, las emisiones pueden subir.
Google está defendiendo una estrategia distinta. La compañía promete reponer más agua dulce de la que consume, aumentar el uso de agua reciclada y recuperada, divulgar el consumo anual de sus centros de datos y elegir diseños según la situación hídrica de cada cuenca.
La empresa sostiene que no existe una solución única. En zonas con agua abundante y redes eléctricas tensionadas, la refrigeración evaporativa podría reducir presión sobre el sistema eléctrico. En regiones con sequía o escasez, en cambio, el mismo diseño puede convertirse en un problema social y político.
Ese punto explica por qué el debate se está volviendo tan sensible. Las comunidades no solo preguntan cuánta energía consume la IA, sino cuánta agua se lleva, qué devuelve, quién supervisa esos datos y si los beneficios económicos compensan los riesgos locales.
La presión pública ya está cambiando decisiones. Google detuvo planes para un centro de datos cerca de Santiago de Chile después de problemas relacionados con permisos y agua. En Oregón, la empresa llegó a financiar una demanda de un municipio contra un periódico local para impedir la publicación del consumo previsto de agua de una ampliación, aunque después empezó a divulgar datos específicos en sus informes anuales.
La solución real no parece estar en elegir entre agua o energía como si fueran problemas separados. El desafío es diseñar centros de datos que consuman menos de ambas cosas, usar mejor el agua reciclada, adaptar la refrigeración al territorio y exigir transparencia desde el principio.
La IA necesita infraestructura física, no solo modelos y chips. Detrás de cada respuesta generada hay servidores, calor, electricidad y, muchas veces, agua. Si la industria quiere vender la IA como una tecnología del futuro, tendrá que demostrar que ese futuro no se construye trasladando el costo ambiental a las comunidades que viven cerca de sus centros de datos.