Australia se prepara para aplicar una de las regulaciones digitales más ambiciosas del mundo. A partir del 10 de diciembre, los menores de 16 años no podrán usar redes sociales, una medida que el gobierno considera clave para proteger la salud mental de los jóvenes. Las grandes tecnológicas, tras meses de oposición, ya han comenzado a cumplir en silencio.
Empresas como TikTok, Snapchat, Meta —propietaria de Facebook, Instagram y Threads— y YouTube están enviando avisos a más de un millón de usuarios adolescentes australianos. Les ofrecen tres opciones: descargar sus datos, congelar sus perfiles o eliminarlos por completo antes de la entrada en vigor de la norma. Las multas por incumplimiento pueden llegar a los 49,5 millones de dólares australianos, cerca de 32 millones de dólares estadounidenses.
De la crítica al acatamiento
Cuando la ley fue aprobada en 2024, las plataformas la consideraron inviable. Alegaban que la verificación de edad sería invasiva, cara y poco precisa. Pero las filtraciones de 2021 que revelaron cómo Meta conocía los efectos psicológicos de sus redes en los adolescentes cambiaron el tono del debate.
El gobierno australiano aprovechó ese momento. Con el apoyo de académicos, asociaciones de padres y una intensa campaña mediática, presentó el proyecto como una cuestión de salud pública. La presión política creció y, finalmente, el Parlamento dio luz verde al veto.
Hoy, la actitud de las tecnológicas es distinta. Sin hacer demasiado ruido, trabajan para aplicar la norma y evitar sanciones. Las autoridades australianas, por su parte, aseguran que no buscan castigar, sino establecer límites a un ecosistema que había crecido sin control.
Un control basado en comportamiento y rostro
Para identificar a los menores, las plataformas usarán los sistemas que ya emplean para segmentar publicidad o sugerir contenidos. Estos algoritmos analizan patrones de comportamiento: a qué hora se conecta un usuario, qué tipo de videos ve, qué temas comenta o cómo interactúa.
Si el sistema detecta que una cuenta pertenece a un menor de 16 años, el perfil será bloqueado. Solo en caso de reclamo se pedirá una verificación facial mediante aplicaciones externas como Yoti, que colabora con Meta y TikTok. Esta herramienta permite estimar la edad con una selfie, aunque sus márgenes de error siguen siendo altos entre los 16 y 17 años.
Según Julie Dawson, directora de políticas de Yoti, el proceso será breve y “no generará grandes interrupciones”. Pero los expertos en informática advierten que durante las primeras semanas podrían producirse errores y bloqueos injustos hasta que los sistemas se ajusten.
Un laboratorio para el mundo
Australia se ha convertido en el campo de pruebas de una regulación que otros países observan con atención. Francia, Reino Unido y Dinamarca ya aprobaron controles similares, aunque sin llegar a una prohibición total. Las diferencias técnicas y las dudas sobre la privacidad han frenado los avances en Europa y Estados Unidos.
Para Stephen Wilson, consultor en identidad digital, el caso australiano podría ser decisivo. “El resto del mundo está mirando para ver si es posible aplicar una norma tan dura sin destruir la experiencia digital”, explicó.
El reto será equilibrar la protección infantil con la libertad individual. Si el sistema se implementa sin colapsos ni abusos, Australia podría sentar un precedente internacional. Pero si falla, abrirá un nuevo debate sobre el papel del Estado y las tecnológicas en la vida digital de los menores.
Fuente: Reuters