El estratégico estrecho de Ormuz, puerta clave para el comercio global de petróleo, se ha convertido en un escenario de máxima incertidumbre tras los recientes ataques militares estadounidenses contra instalaciones en Irán. En los últimos días, al menos dos superpetroleros han dado media vuelta y varios más han modificado sus trayectorias o pausado su avance, según muestran los últimos datos de seguimiento marítimo internacional.
La región ya vivía semanas de inestabilidad, pero la decisión de Washington de sumarse a los ataques de Israel contra Irán ha multiplicado los temores de una escalada que podría desembocar en el cierre total del estrecho, por donde circula cerca del 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural.
Empresas navieras internacionales han instruido a sus capitanes para minimizar el tiempo en la zona, buscando alternativas temporales mientras se reevalúan los riesgos. Las plataformas de monitoreo, como MarineTraffic, han documentado al menos cinco petroleros que abandonaron el área o cambiaron su rumbo de manera repentina, reflejando el nerviosismo del sector ante posibles represalias iraníes.
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Entre los casos destacados figura el del Coswisdom Lake, un superpetrolero de gran capacidad que, tras acercarse al estrecho el domingo, dio media vuelta y se dirigió hacia el sur antes de regresar a su trayecto inicial rumbo a Zirku, en los Emiratos Árabes Unidos. El South Loyalty, otro buque de gran tamaño, realizó un giro similar y permaneció fuera del estrecho, a la espera de condiciones más seguras.
Estos movimientos no son aislados. Analistas consultados subrayan que los armadores buscan reducir los riesgos en una de las rutas más vitales para el flujo energético global. "Los buques solo entrarán en la región cuando se acerque la hora de carga", señaló KY Lin, portavoz de la Corporación Petroquímica Formosa de Taiwán, reflejando la política de cautela adoptada por grandes operadores del sector.
El impacto en el mercado no se hizo esperar. El precio del crudo Brent y del West Texas Intermediate alcanzó máximos de cinco meses, con pronósticos que anticipan el barril por encima de los 100 dólares si la crisis se agrava. Al mismo tiempo, las tarifas de envío de los superpetroleros se duplicaron en solo una semana, superando los 60.000 dólares diarios según datos de flete.
La inestabilidad también afecta a la logística portuaria y la cadena global de suministros. Navieras japonesas como Nippon Yusen y Mitsui OSK han confirmado que, si bien siguen transitando el estrecho, han dado instrucciones para reducir al mínimo el tiempo de exposición en la región. El volumen de buques vacíos entrando al Golfo ha caído un 32% respecto al mes anterior, según Sentosa Shipbrokers, mientras que las salidas de tanqueros cargados disminuyeron un 27%.
A nivel diplomático, el parlamento iraní aprobó el cierre del estrecho en respuesta a los ataques, aunque la medida requiere aún la validación del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Si bien Irán ha amenazado con esta acción en el pasado, nunca se ha concretado una interrupción total, lo que aumenta la tensión sobre la posible materialización de la amenaza.
Diversos expertos advierten que la situación puede afectar la recuperación económica global y disparar la inflación, especialmente en países dependientes del crudo importado. "Diversificar las fuentes de suministro y rutas de envío es fundamental para amortiguar futuras crisis", opinó Leon Alexander, socio del bufete Clyde & Co, recordando las lecciones de episodios recientes como las disrupciones en el Mar Rojo.
Por ahora, el mundo asiste expectante a la evolución de la crisis. Mientras los petroleros zigzaguean y esperan instrucciones lejos de la zona de conflicto, la volatilidad y el temor a un bloqueo total mantienen en vilo a mercados, gobiernos y consumidores en todo el planeta.
Fuente: Reuters