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China excava un túnel de 195 kilómetros para reforzar el suministro de agua hacia Pekín

China avanza en una megaobra subterránea para mover agua desde el entorno de la presa de las Tres Gargantas hacia el norte, en un intento por aliviar el estrés hídrico de grandes ciudades como Pekín.

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Infraestructura hidráulica del túnel Yinjiangbuhan conectando sistemas de agua en China
El túnel Yinjiangbuhan trasladará agua desde la presa de las Tres Gargantas hasta el río Han en China. Créditos: Xinhua.

En el norte de China, la escasez de agua no es un problema secundario, sino una limitación estructural que condiciona el crecimiento urbano, la actividad económica y la estabilidad del suministro. En ese contexto, el país está desarrollando una de sus obras hidráulicas más ambiciosas: un túnel presurizado de casi 195 kilómetros para desviar caudales desde el área de la presa de las Tres Gargantas hacia la cuenca del río Han.

El proyecto, conocido como Yinjiangbuhan, se integra en la lógica del gigantesco trasvase Sur-Norte, especialmente en su ruta central, que ya abastece a Pekín, Tianjin y otras áreas con fuerte presión sobre los recursos hídricos. La obra no pretende sustituir ese sistema, sino darle más margen y aumentar su capacidad en los próximos años.

Un corredor subterráneo para ampliar la “línea de vida” del norte

La infraestructura consiste en un único túnel de unos 194,7 kilómetros por el que el agua circulará en gran parte por gravedad. El trazado conecta el entorno del embalse de las Tres Gargantas con la cuenca del Han, un afluente clave del Yangtsé, con el objetivo de reforzar el papel del embalse de Danjiangkou, pieza central del sistema que alimenta el canal hacia el norte.

Según la información difundida por entidades públicas chinas, el proyecto prevé trasladar de media unos 3.900 millones de metros cúbicos de agua al año. También se maneja un plazo de ejecución de alrededor de 108 meses, lo que da una idea de la escala técnica y logística de la obra. Si se completa según lo previsto, superará a otros grandes túneles de abastecimiento conocidos por su longitud.

Detrás de esta decisión hay una necesidad clara. La ruta central del trasvase Sur-Norte se ha convertido en una infraestructura básica para zonas con escasez crónica de agua. Según los datos citados en la fuente, esta red ya ha suministrado más de 68.000 millones de metros cúbicos y beneficia a cerca de 114 millones de personas. El nuevo túnel busca ampliar ese margen y elevar la capacidad media anual del sistema en los próximos años.

Una obra gigantesca bajo tierra

Excavar casi 200 kilómetros bajo roca no es solo una cuestión de longitud. En algunos tramos, el túnel alcanza profundidades superiores a 1.200 metros, lo que implica mayores presiones del terreno, más complejidad geológica y un entorno de obra mucho más exigente. A esa escala, cada avance requiere resolver problemas de ventilación, drenaje, estabilidad y seguridad.

Para ello se están combinando métodos de perforación y voladura con tuneladoras de gran diámetro. La documentación pública del proyecto menciona una flota cercana a la decena y máquinas de alrededor de 12 metros, además de galerías auxiliares destinadas a acceso técnico y apoyo operativo. No se trata, por tanto, de una sola perforación lineal, sino de un sistema de obra complejo que funciona en varios frentes a la vez.

Los datos difundidos a finales de marzo de 2026 situaban el avance del túnel principal por encima de los 20 kilómetros, algo más del 10% del total. En enero, además, se comunicó que el tramo de salida fue el primero en quedar completamente conectado. Eso sugiere que la obra ya ha dejado atrás la fase inicial y ha entrado en una etapa de construcción más intensiva.

Más agua para el norte, pero no sin costes

El argumento a favor del proyecto es directo: en regiones donde el agua es insuficiente, aumentar el suministro puede reducir vulnerabilidades y dar estabilidad a ciudades enteras. Para Pekín y otras grandes áreas urbanas del norte, este tipo de infraestructura funciona como una garantía adicional frente a sequías y desequilibrios cada vez más difíciles de gestionar.

Pero mover agua entre cuencas nunca es una operación neutra. Cambiar caudales modifica equilibrios ecológicos, afecta a hábitats fluviales y puede alterar la calidad del agua. También hay advertencias sobre posibles efectos secundarios en infraestructuras subterráneas cuando sube el nivel freático, un riesgo que varios investigadores citados en la fuente consideran relevante.

A eso se suma la huella material de la propia construcción. Excavar a gran profundidad, usar maquinaria pesada y fabricar grandes volúmenes de hormigón implica un coste energético alto, de modo que el balance climático de la infraestructura dependerá de su ejecución, de su vida útil y de los beneficios reales que aporte en el largo plazo. Los responsables del sistema insisten en que mantienen controles sobre la calidad del agua y medidas de restauración ecológica, pero ese será uno de los puntos que más atención exigirá con el paso del tiempo.

Ingeniería para ganar tiempo frente a una presión estructural

Yinjiangbuhan resume una lógica que no es exclusiva de China: cuando el agua escasea, las grandes obras reaparecen como solución rápida para sostener el abastecimiento. La ventaja es evidente: la ingeniería puede comprar tiempo y reducir el riesgo inmediato de desabastecimiento. El problema es que ese alivio no elimina el debate de fondo sobre ahorro, reutilización y gestión eficiente del recurso.

Eso convierte al túnel no solo en una obra hidráulica, sino en una prueba de hasta qué punto una infraestructura de esta escala puede resolver un problema sin trasladarlo a otros puntos del sistema. En los próximos años, la atención no estará solo en los kilómetros excavados, sino en lo que ocurra con los caudales ecológicos, la calidad del agua y los efectos locales de una intervención que busca asegurar el futuro hídrico del norte chino.

Fuentes

1
nsbdjhsw.com

www.nsbdjhsw.com.cn/show-6431.html

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