El proyecto surge de Lux Aeterna, una empresa fundada en 2024 con la idea de aplicar a los satélites una lógica similar a la de los cohetes reutilizables. Su propuesta consiste en diseñar estructuras satelitales capaces de soportar la reentrada espacial, lo que permitiría traer de vuelta a la Tierra las cargas útiles instaladas en órbita.
El fundador de la compañía es Brian Taylor, un ingeniero que trabajó en el desarrollo de satélites para constelaciones comerciales como Starlink de SpaceX y el proyecto Kuiper de Amazon. Su experiencia en sistemas orbitales le llevó a identificar un límite estructural del sector: la mayoría de los satélites se diseñan para operar unos años y luego desaparecer.
Lux Aeterna anunció recientemente una ronda inicial de financiación de 10 millones de dólares liderada por el fondo Konvoy, con participación de varios inversores especializados en tecnología espacial. Ese capital se destinará al desarrollo de Delphi, una nave espacial diseñada para probar el concepto de satélites capaces de regresar a la Tierra con sus cargas intactas.
El primer vuelo de Delphi está previsto para el primer trimestre de 2027 a bordo de un cohete de SpaceX. La misión permitirá a clientes probar materiales o componentes en órbita y recuperarlos posteriormente en un campo de pruebas en Australia. Este tipo de pruebas es relevante porque algunos materiales se comportan de forma distinta en microgravedad.
El principal obstáculo técnico es la reentrada atmosférica. Un vehículo que vuelve desde órbita atraviesa la atmósfera a velocidades extremadamente altas, lo que genera temperaturas intensas. Para sobrevivir, necesita escudos térmicos capaces de disipar ese calor. Estos sistemas añaden peso, lo que encarece el lanzamiento y explica por qué la mayoría de los satélites no están diseñados para regresar.
Lux Aeterna no es la única empresa interesada en resolver ese desafío. Otras startups como Varda Space o Inversion están desarrollando cápsulas de reentrada que permiten devolver experimentos o productos fabricados en microgravedad. Estas misiones buscan abrir nuevas actividades económicas en el espacio, desde la investigación de materiales hasta la producción de fármacos.
La propuesta de Lux Aeterna va más allá del retorno puntual de experimentos. Taylor plantea la posibilidad de crear satélites reutilizables que puedan regresar a la Tierra para mantenimiento o actualización tecnológica. Hoy los satélites suelen operar entre cinco y diez años antes de quedar obsoletos o quedarse sin combustible y ser retirados de la órbita activa.
El modelo plantea también interrogantes económicos. Construir un satélite capaz de soportar la reentrada y ser reutilizado implica más complejidad y peso. Para que el sistema sea viable, el valor de las cargas útiles recuperadas o actualizadas deberá compensar los costes adicionales de fabricación, lanzamiento y reacondicionamiento del vehículo.
Otro obstáculo importante es regulatorio. Obtener permisos para el reingreso de vehículos espaciales sigue siendo un proceso complejo. Varias empresas han optado por realizar aterrizajes en Australia debido a que las autorizaciones en Estados Unidos pueden tardar meses mientras las autoridades evalúan riesgos para personas o infraestructuras en tierra.
El concepto de satélites reutilizables plantea una posible evolución del modelo orbital. Si las naves pudieran regresar, actualizarse y volver a lanzarse, el ciclo de vida de los sistemas espaciales cambiaría profundamente. La industria dejaría de depender únicamente del reemplazo constante de satélites y podría comenzar a tratar los activos orbitales como infraestructuras recuperables.