Si estos días miras el cielo buscando Marte y no lo encuentras, no es que te esté fallando la vista: es que el planeta se está metiendo en el peor lugar posible para un observador. Cerca del Sol no hay “truco” que valga. La luz lo tapa todo y, además, el intento de apuntar instrumentos hacia esa zona puede acabar mal por razones muy básicas de seguridad.
Lo que ocurre es una conjunción solar. Marte pasa en el cielo tan pegado al Sol que queda perdido en su resplandor, totalmente inobservable durante semanas. El momento clave será el 9 de enero de 2026, cuando la separación aparente bajará a solo 0°56’, menos de un grado. Dicho sin tecnicismos: es como intentar ver una luciérnaga pegada a un foco encendido.
El contexto ayuda a entender por qué se nota tanto. En esta fase, Marte está “al otro lado” del sistema solar respecto a la Tierra, y casi al mismo tiempo alcanza su máxima distancia con nosotros, en torno a 2,40 unidades astronómicas. Por eso, aunque pudiéramos mirarlo, se vería especialmente pequeño y tenue, con un tamaño aparente de unos 3,9 segundos de arco. No es que Marte haga nada raro: somos nosotros los que estamos mal colocados para verlo.
El punto crítico es lo que esto no permite. No es un buen momento para “probar suerte” con prismáticos o telescopio cerca del Sol, ni siquiera si crees que estás apuntando un poco al lado. El riesgo para los ojos y para el equipo es real, y no compensa. También es fácil caer en la trampa de las apps del cielo: pueden marcarte la posición exacta, pero que algo esté “ahí” no significa que sea observable.
La parte buena es que esto no dura para siempre. En las semanas siguientes Marte reaparece al oeste del Sol y empieza a dejarse ver poco a poco antes del amanecer, cada vez durante más tiempo. La pregunta interesante no es “cuándo vuelve a salir”, sino cuánto tardará en recuperar protagonismo para una observación cómoda. Y ahí el cielo, como casi siempre, se lo toma con paciencia.