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MWC Barcelona cumple 20 años en plena transición hacia la inteligencia artificial

Dos décadas después de su llegada a Barcelona, el Mobile World Congress ya no gira solo en torno al móvil: señala una etapa en la que la inteligencia artificial gana peso en dispositivos y redes.

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Escenario principal del MWC 2026 en Barcelona durante una presentación inaugural
Crédito: 2026 GSMA / MWC.

Cuando el congreso llegó en 2006 desde Cannes, todavía bajo el nombre de 3GSM World Congress, el debate giraba en torno a la expansión del 3G y a los primeros teléfonos capaces de navegar por internet con cierta fluidez. Aquella edición en Montjuïc marcó el inicio de una relación que transformó tanto al evento como a la ciudad.

Durante los primeros años, el protagonismo era claro: terminales premium y conectividad móvil. La irrupción de Android y los smartphones modernos cambió el ritmo de la industria. Luego llegaron las tablets, el salto al 4G y la explosión de aplicaciones que desplazaron el valor desde el hardware hacia los servicios.

El traslado al recinto de Gran Via en 2013 no fue solo logístico. Reflejaba que el congreso había dejado de ser una vitrina de teléfonos para convertirse en el escaparate de un ecosistema más amplio. Ese mismo año empezaron a ganar espacio los primeros dispositivos del Internet de las Cosas, desde sensores domésticos hasta wearables básicos. El móvil ya no era el único centro de gravedad.

En 2019, ya como MWC Barcelona, el evento alcanzó 109.000 asistentes, su récord histórico. Esa cifra no solo mide afluencia; simboliza el momento en que el congreso consolidó su papel como epicentro mundial de la industria móvil antes del parón obligado por la pandemia.

Tras la interrupción de 2020 y la edición híbrida de 2021, el regreso estuvo marcado por una agenda más amplia: nube avanzada, conectividad total y una inteligencia artificial que empezaba a ocupar un lugar central. En 2026, bajo el lema “The IQ Era”, esa tendencia se convierte en eje estructural.

La novedad ya no es que los móviles incorporen funciones de IA, sino que integren procesadores capaces de ejecutarla en local. La inteligencia deja de depender exclusivamente de la nube y se traslada al propio dispositivo. Esto implica menor latencia, mayor autonomía y nuevas posibilidades de interacción entre móviles, wearables y otros formatos emergentes.

El 5G, prácticamente consolidado en mercados como el español, actúa como infraestructura base. Mientras tanto, la industria proyecta el 6G para 2030, con la promesa de integrar aún más inteligencia en la red. Son planes, no realidades inmediatas, pero orientan la inversión y el discurso estratégico del sector.

En paralelo, la conectividad híbrida —combinando redes terrestres y satelitales— apunta a extender el acceso incluso a zonas remotas. Ese movimiento amplía el alcance del ecosistema digital más allá de los grandes núcleos urbanos y refuerza la idea de conectividad ubicua.

Los robots humanoides que circulan por los pasillos del congreso y prototipos como el teléfono con brazo robótico presentado por Honor muestran otra tendencia: la exploración de nuevas interfaces. No todo llegará al mercado masivo, pero estas demostraciones anticipan hacia dónde experimenta la industria.

Veinte años después de su aterrizaje en Barcelona, el MWC ya no es solo la feria donde se presentan móviles. Es el escenario donde se visualiza la convergencia entre inteligencia artificial, redes avanzadas y dispositivos conectados. La evolución del congreso refleja un cambio más profundo: el móvil dejó de ser el producto final y se convirtió en la puerta de entrada a un sistema digital cada vez más distribuido y autónomo.

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