El Reino Unido está reforzando su estrategia energética con un enfoque claro en la energía nuclear, buscando reducir su dependencia del petróleo y el gas importado. La iniciativa combina nuevas centrales, reactores modulares y el desarrollo de combustible propio, en un contexto de creciente presión sobre el suministro energético.
El plan no parte de cero, pero sí marca una aceleración. El Gobierno británico mantiene el objetivo de alcanzar hasta 24 gigavatios de capacidad nuclear en 2050, lo que representaría alrededor de una cuarta parte de la demanda eléctrica prevista. La idea es asegurar una fuente de electricidad constante que complemente a las renovables, especialmente en momentos en los que no hay viento o sol suficiente.
Uno de los pilares es Sizewell C, una central nuclear proyectada en Suffolk que contará con una capacidad de hasta 3,2 GW. El Gobierno anunció una inversión de 14.200 millones de libras para impulsar su desarrollo, con la previsión de que entre en funcionamiento a mediados o finales de la década de 2030. Se trata de una infraestructura pensada para operar durante décadas, con impacto directo en el suministro eléctrico nacional.
En paralelo, el país apuesta por los reactores modulares pequeños (SMR), una tecnología que busca reducir costes y tiempos de construcción mediante fabricación en serie. En este ámbito, Rolls-Royce ha recibido hasta 599 millones de libras de financiación pública para avanzar en su proyecto, con la antigua zona nuclear de Wylfa como posible primera ubicación.
El otro frente clave es el combustible. El Reino Unido quiere producir HALEU (uranio de bajo enriquecimiento y alto ensayo), un material necesario para los reactores avanzados y que actualmente tiene una oferta muy limitada a nivel global. El plan contempla una inversión de hasta 300 millones de libras para desarrollar esta capacidad dentro del país y reducir la dependencia externa.
Aun así, el desarrollo nuclear no está exento de riesgos. El caso de Hinkley Point C, en construcción en Somerset, muestra las dificultades de este tipo de proyectos. La planta acumula retrasos y un coste estimado que ronda los 35.000 millones de libras, casi el doble de lo previsto inicialmente, lo que mantiene el debate sobre la viabilidad económica de estas infraestructuras.
El objetivo del Reino Unido es claro: combinar energía nuclear con renovables para construir un sistema eléctrico más estable y menos dependiente de combustibles fósiles. Pero el éxito del plan dependerá de que los proyectos cumplan plazos, que los costes se mantengan bajo control y que la cadena de suministro, incluido el combustible, pase del papel a la producción real.