Un informe de la Renewable Energy Association sostiene que, bajo un modelo que integra los costes totales del sistema, la electricidad renovable superará al gas en valor económico entre 2028 y 2029. El análisis no se limita al coste de generación por megavatio hora, sino que incorpora inversiones en redes, almacenamiento, transmisión y equilibrio del suministro para reflejar el funcionamiento real del sistema eléctrico.
El informe compara dos escenarios. El primero, denominado Clean Power 2030, contempla una inversión anual cercana a 40.000 millones de libras para expandir solar, eólica, almacenamiento y redes, reduciendo el uso continuo de gas a menos del cinco por ciento. El segundo mantiene estancada la capacidad renovable y cubre la demanda adicional con gas natural.
La diferencia central entre ambos enfoques no está solo en la tecnología, sino en la estructura de costes. El escenario basado en gas implica menor inversión inicial de capital, pero un mayor gasto permanente en importaciones de combustible. El modelo renovable exige un desembolso elevado al comienzo, pero reduce la exposición a compras externas y a la volatilidad de precios internacionales.
Según la REA, a partir de 2028 o 2029 la opción renovable ofrecería mayor valor económico incluso antes de contabilizar beneficios como menor contaminación o reducción de emisiones. El argumento, por tanto, no se apoya únicamente en criterios ambientales, sino en la lógica de sustituir costes variables recurrentes por infraestructura amortizable a largo plazo.
El programa Clean Power 2030 proyecta casi 145.000 nuevos empleos netos entre 2024 y 2030, principalmente en ingeniería, instalación eléctrica y mantenimiento. Más allá del número, la relevancia económica radica en el fortalecimiento de cadenas de suministro nacionales y en la reorientación del gasto desde la importación de gas natural licuado hacia actividades internas con efecto multiplicador.
El modelo parte de un supuesto clave: precios mayoristas del gas estables durante los próximos cinco años. Incluso si el gas bajara un 25% entre 2025 y 2030, la ventaja renovable solo se retrasaría un año si se excluyen los beneficios laborales. Esto indica que la competitividad proyectada no depende exclusivamente de un escenario de precios altos, aunque sí es sensible a cambios significativos.
La REA subraya que la estabilidad política y la confianza inversora son condiciones necesarias para que el escenario renovable se materialice. La comparación que plantea el informe no enfrenta presente y futuro, sino dos estrategias: continuar con menor inversión inicial pero mayor dependencia externa, o asumir un esfuerzo de capital elevado para reducir vulnerabilidad y gasto estructural en los años posteriores.
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