El terremoto se produjo a las 5:23 de la mañana en la parte sur del distrito de Tokachi, a una profundidad de 83 kilómetros, según la Agencia Meteorológica de Japón. La intensidad alcanzó el nivel 5+ en la escala japonesa en la ciudad de Urahoro, lo que implica sacudidas suficientemente fuertes como para causar daños leves y generar preocupación entre la población.
Pese a la magnitud del temblor, las autoridades han descartado cualquier riesgo de tsunami, una de las principales preocupaciones tras este tipo de eventos en el archipiélago japonés. Este punto ha sido clave para evitar evacuaciones masivas y mantener la situación bajo control en las primeras horas tras el sismo.
Sin embargo, la ausencia de tsunami no elimina otros riesgos. La agencia japonesa ha advertido de la posibilidad de desprendimientos de rocas y deslizamientos de tierra en las zonas más afectadas, especialmente si se producen lluvias en los próximos días que puedan desestabilizar el terreno.
Tras el sismo principal, no se han registrado movimientos significativos de magnitud alta, aunque sí se ha detectado un movimiento de largo periodo en varias zonas de la isla. Este tipo de vibraciones puede sentirse durante más tiempo, aunque no necesariamente implica un aumento inmediato del riesgo.
Las autoridades recuerdan que entre un 10% y un 20% de los terremotos importantes van seguidos de otros de magnitud similar. Por ello, han pedido a la población que se mantenga alerta durante aproximadamente una semana, especialmente en los primeros días tras el evento principal.
Este episodio vuelve a poner de relieve la actividad sísmica constante en Japón, donde los protocolos de prevención y respuesta forman parte de la vida cotidiana. Aunque el impacto inicial ha sido limitado, la atención se centra ahora en la evolución de posibles réplicas y en la estabilidad del terreno.