Los huracanes son conocidos por su fuerza destructiva en la superficie, pero su huella en las profundidades marinas es aún más sorprendente. Recientes investigaciones muestran que estos fenómenos extremos pueden alterar la composición del océano a miles de metros bajo el agua, con consecuencias directas sobre los nutrientes, el oxígeno y la biodiversidad.
Cuando un huracán atraviesa el mar, sus vientos y oleaje generan una mezcla tan intensa que el agua fría y rica en nutrientes asciende desde el fondo hacia la superficie. Este proceso, llamado afloramiento, fertiliza zonas que normalmente carecen de alimento, desencadenando explosiones de fitoplancton visibles incluso desde el espacio.
Las floraciones de fitoplancton no solo alimentan a bacterias y pequeños organismos, sino que también atraen peces, moluscos y grandes mamíferos marinos, como ballenas. Así, los huracanes pueden convertir regiones oceánicas inhóspitas en verdaderos oasis de vida, aunque sea de forma temporal.
Sin embargo, la agitación profunda también tiene efectos adversos. El movimiento de masas de agua provoca que zonas con muy poco oxígeno —conocidas como zonas de mínimo oxígeno, o ZMO— se desplacen hacia capas superiores, acercándose peligrosamente a la vida marina que requiere oxígeno para sobrevivir.
Este ascenso de las ZMO puede amenazar a peces, crustáceos y otros organismos que no están adaptados a condiciones de hipoxia. En los casos documentados, las concentraciones de oxígeno tras un huracán cayeron a niveles nunca antes registrados en ciertas áreas, impactando la distribución y el comportamiento de la fauna.
A nivel genético y microbiológico, los huracanes también desencadenan cambios. El estudio del ADN y ARN de muestras recolectadas tras el paso de un huracán revela que bacterias, zooplancton y otros microorganismos se multiplican rápidamente, aprovechando el nuevo suministro de nutrientes y la alteración del entorno.
Los científicos han observado incluso la llegada de especies poco habituales, como tortugas marinas, atraídas por la abundancia de alimento y las nuevas condiciones generadas por el evento. Esto sugiere que los huracanes, lejos de ser solo una amenaza, pueden transformar temporalmente el ecosistema y favorecer la migración y el crecimiento de ciertas poblaciones.
En definitiva, los huracanes actúan como motores de cambio en el océano profundo: alteran el equilibrio de nutrientes, redistribuyen el oxígeno y generan picos de biodiversidad en lugares y momentos imprevisibles. Comprender este proceso es esencial para anticipar el impacto de futuros huracanes y para la gestión de la biodiversidad marina ante el cambio climático.
Fuente: Science Advances