Nvidia, el fabricante de chips que se ha convertido en símbolo del auge de la inteligencia artificial, volvió a enviar un mensaje de confianza a los mercados. Su director ejecutivo, Jensen Huang, aseguró que el boom de la IA está lejos de terminar.
Las declaraciones llegaron tras la presentación de los resultados del segundo trimestre y las previsiones de ingresos para el tercero. Aunque las cifras superaron ligeramente las estimaciones de los analistas, no alcanzaron las expectativas infladas que han impulsado el valor de la acción más de un tercio en lo que va del año.
Huang buscó disipar la inquietud de los inversores que temen un enfriamiento del sector. “Ha comenzado una nueva revolución industrial. La carrera de la IA ha comenzado”, afirmó. Según el ejecutivo, el gasto en infraestructura de inteligencia artificial alcanzará entre 3 y 4 billones de dólares a finales de esta década.
El optimismo de Nvidia contrasta con las señales de fatiga en el mercado bursátil. Las acciones de varias tecnológicas vinculadas a la IA han mostrado agotamiento, mientras figuras como Sam Altman, director de OpenAI, advierten que los inversores podrían estar sobreentusiasmados con el sector.
Sin embargo, la demanda de chips de Nvidia sigue siendo intensa. Sus procesadores de última generación, conocidos como Blackwell, están prácticamente agotados de cara a 2026. Incluso sus modelos Hopper, más antiguos, siguen recibiendo pedidos de grandes clientes.
El motor de ese apetito son los llamados hiperescaladores, compañías como Microsoft, Amazon o Google, que invierten miles de millones en centros de datos para entrenar modelos cada vez más potentes. Solo en 2025 se espera que el gasto en este tipo de infraestructuras alcance 600 mil millones de dólares, una cifra histórica que sostiene la expansión de Nvidia.
Huang detalló que en un centro de datos de hasta 60 mil millones de dólares, Nvidia puede capturar alrededor de 35 mil millones gracias a su posición dominante en chips especializados. Un ejemplo concreto: un cliente fuera de China compró el último trimestre chips H20, diseñados con capacidad reducida para sortear restricciones, por un valor de 650 millones de dólares.
El discurso de Huang apunta a mostrar que la IA no es una moda pasajera. “Cuanto más compras, más creces”, resumió, aludiendo a cómo los chips de Nvidia permiten procesar más datos con menor consumo energético. Para los clientes, esto significa ahorro y velocidad; para Nvidia, ventas sostenidas en el tiempo.
Los analistas coinciden en que la compañía atraviesa una fase inédita. Sus ingresos netos en el segundo trimestre superaron incluso a los de Apple en un periodo comparable, algo que refleja la magnitud del cambio tecnológico. Nvidia pasó de ser un fabricante de tarjetas gráficas para videojuegos a convertirse en el corazón de la revolución de la IA.
El reto está en mantener ese liderazgo frente a competidores como AMD o Intel, que aceleran sus inversiones en procesadores de alto rendimiento. También China busca desarrollar alternativas para reducir su dependencia de la tecnología estadounidense, lo que añade un factor geopolítico al mercado.
A pesar de las dudas sobre el ritmo de crecimiento, los grandes inversores parecen convencidos de que la ola de la inteligencia artificial no se detendrá pronto. Para Huang, lo vivido hasta ahora es apenas el inicio de un ciclo que marcará la economía global en la próxima década.