El origen del agua en las lunas de Júpiter quedó fijado desde su formación, según un estudio
Un nuevo estudio científico sugiere que la marcada diferencia de agua entre las principales lunas de Júpiter no es fruto de su evolución posterior, sino de las condiciones presentes en el momento mismo de su formación.
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
3 min lectura
Ío y Europa orbitan relativamente cerca una de otra, pero presentan características radicalmente distintas. Ío es un mundo extremadamente volcánico y prácticamente seco, mientras que Europa está cubierta de hielo y se considera uno de los principales candidatos a albergar un océano subterráneo de agua líquida.
Durante años, muchos científicos asumieron que ambas lunas pudieron formarse con composiciones similares y que Ío perdió su agua más tarde debido a procesos de calentamiento intenso y escape de volátiles. Sin embargo, un nuevo trabajo cuestiona esa explicación al analizar si esos mecanismos habrían sido realmente eficaces.
El estudio reconstruye las primeras etapas de formación de estas lunas dentro del disco de material que rodeaba a Júpiter, una región conocida como disco circumplanetario. En ese entorno, los materiales ricos en agua y los materiales secos no estaban distribuidos de forma homogénea.
Según los modelos utilizados, Europa se formó en una zona donde los minerales hidratados podían conservar su contenido de agua. Ío, en cambio, habría incorporado materiales que ya se habían deshidratado al atravesar regiones más cálidas del disco, dando lugar a una luna intrínsecamente seca desde su origen.
Los investigadores simularon la evolución térmica interna de ambas lunas teniendo en cuenta todas las fuentes de calor relevantes en el sistema joviano temprano, como la acreción, la desintegración radiactiva y las fuerzas de marea. Los resultados muestran que ni Ío habría podido perder tanta agua como se pensaba, ni Europa la habría conservado si hubiera nacido seca.
Esto apunta a una conclusión más simple: la diferencia entre ambas lunas no se escribió con el tiempo, sino que quedó definida desde el inicio. Ío nació seca y Europa nació rica en agua, como consecuencia directa de su posición durante la formación.
Este marco cambia la lectura del sistema joviano y se entiende mejor al observar las características generales de Júpiter y el lugar que ocupan sus lunas dentro del conjunto.
El trabajo también tiene implicaciones más amplias para la búsqueda de mundos habitables, ya que sugiere que la presencia de agua puede depender en gran medida de las condiciones iniciales de formación, incluso antes de que entren en juego procesos geológicos posteriores.
En los próximos años, nuevas misiones espaciales centradas en Europa permitirán contrastar estas hipótesis mediante el análisis directo de su hielo y de posibles emisiones de agua desde su interior.
Fuente: SwRI
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