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Encuentran un delta enterrado en Marte que refuerza la presencia de agua en su pasado

Un análisis del rover Perseverance en Marte revela un delta enterrado a más de 30 metros, reforzando la idea de que el planeta tuvo un sistema hidrológico complejo y persistente en su pasado.

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Río fluyendo en el borde del cráter Jezero en Marte
Representación de agua fluyendo en el borde del cráter Jezero en Marte. Crédito: NASA/JPL-Caltech.

El subsuelo de Marte está mostrando una historia más compleja de lo que indicaba su superficie. Bajo el cráter Jezero, el rover Perseverance ha detectado restos de un antiguo delta fluvial oculto bajo capas de sedimento, lo que amplía el registro geológico conocido y sugiere que la actividad del agua en el planeta fue más prolongada, estable y estructurada de lo que se pensaba hasta ahora.

El hallazgo se basa en datos de radar capaces de penetrar decenas de metros bajo la superficie. A unos 35 metros de profundidad aparecen estructuras que encajan con un delta formado por agua líquida hace entre 4.200 y 3.700 millones de años, una época en la que Marte habría mantenido condiciones muy distintas a las actuales, con mayor presión atmosférica y temperaturas más compatibles con agua estable.

Ese periodo corresponde a una fase en la que el planeta habría tenido un clima más cálido, con una atmósfera más densa y ciclos hidrológicos activos capaces de sostener ríos, lagos y flujos persistentes de agua. No se trata solo de episodios aislados, sino de un sistema que pudo funcionar durante largos intervalos, generando depósitos sedimentarios complejos.

Lo relevante del descubrimiento no es únicamente la presencia de agua, sino la superposición de estructuras en un mismo entorno. El Perseverance llegó a Jezero para estudiar un delta visible desde órbita, pero este nuevo hallazgo revela que bajo él existe otro más antiguo, lo que indica que el entorno registró múltiples fases de actividad fluvial separadas en el tiempo.

Las características del depósito coinciden con un delta tipo Gilbert, una formación bien conocida en la Tierra que aparece cuando un río desemboca en un cuerpo de agua profundo, como un lago. Estas estructuras generan capas inclinadas y horizontales que pueden conservarse incluso cuando el agua desaparece, actuando como un archivo geológico muy estable.

Este tipo de formaciones no solo confirma la presencia de agua, sino también su comportamiento a lo largo del tiempo. La existencia de capas superpuestas sugiere cambios en el nivel del agua, en la energía del flujo y en la dinámica del entorno, lo que apunta a un sistema hidrológico más complejo de lo que se había inferido a partir de observaciones superficiales.

El interés de estos depósitos va más allá de la geología pura. Los deltas son entornos donde se acumulan sedimentos finos capaces de atrapar compuestos orgánicos y protegerlos de la degradación. En la Tierra, estos lugares son especialmente eficaces para preservar microfósiles y señales químicas asociadas a actividad biológica.

El hecho de que este delta esté enterrado añade un elemento clave en términos de conservación. Al quedar protegido de la radiación y de los procesos que degradan moléculas en la superficie marciana, sus materiales podrían haber mantenido mejor posibles rastros de vida microbiana, si esta llegó a existir en el planeta.

El cráter Jezero ya era considerado uno de los entornos más prometedores para buscar evidencias de vida pasada en Marte. Este descubrimiento refuerza esa elección, al mostrar que el lugar no solo tuvo agua, sino que combinó durante largos periodos sedimentos, estabilidad ambiental y condiciones favorables para preservar información biológica.

Más que un hallazgo puntual, el delta enterrado obliga a replantear la historia hidrológica de Marte. El planeta no solo albergó agua en su superficie, sino que desarrolló sistemas fluviales capaces de dejar registros superpuestos que aún hoy permanecen ocultos bajo el terreno, esperando ser interpretados.

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