El túnel de Fehmarnbelt, que conectará Dinamarca y Alemania, ha superado un punto clave con la aprobación de la pontona IVY, el sistema encargado de bajar al fondo marino los enormes bloques de hormigón. Este visto bueno permite preparar la inmersión del primer elemento, aunque llega acompañado de un retraso de al menos dos años respecto al calendario inicial.
A diferencia de los túneles tradicionales, este no se perfora, se construye por piezas. Cada segmento se fabrica en tierra, se remolca hasta el lugar y se coloca en una zanja excavada previamente en el lecho marino. El proyecto contempla 79 elementos estándar de 217 metros y unas 73.500 toneladas cada uno, además de piezas técnicas especiales.
La zanja donde se colocarán estos elementos ya está completamente excavada. Tiene unos 18 kilómetros de longitud, con una profundidad media de 12 metros y una anchura cercana a los 100 metros. El dragado ha implicado mover unos 15 millones de metros cúbicos de material, gran parte reutilizado para ampliar terreno en la costa danesa.
El cuello de botella del proyecto ha sido precisamente la pontona IVY. Su retraso condicionó todo el calendario, ya que sin este sistema no es posible colocar los segmentos con precisión milimétrica. Ahora, con dos unidades operativas, podrá bajar piezas hasta 40 metros de profundidad utilizando kilómetros de cables y decenas de cabrestantes.
El objetivo final del túnel es reducir drásticamente los tiempos de viaje. El trayecto entre Rødbyhavn y Puttgarden pasará de unos 45 minutos en ferry a apenas 10 minutos en coche y 7 en tren, mientras que el viaje entre Copenhague y Hamburgo podría reducirse a la mitad, impulsando el transporte ferroviario.
Sin embargo, el proyecto también tiene un coste ambiental significativo durante su construcción. El uso intensivo de hormigón eleva las emisiones, con una estimación total de más de 2 millones de toneladas de CO2 equivalente, aunque parte del impacto se compensa con reciclaje de residuos y mejoras operativas.
Además, el entorno marino impone límites. El control del ruido submarino, el vertido de sedimentos y el impacto sobre especies como la marsopa común forman parte del seguimiento constante, en un proyecto donde cada avance técnico debe ajustarse a exigencias ambientales estrictas.
El túnel de Fehmarnbelt no solo es una obra de ingeniería, también es un equilibrio entre escala, precisión y regulación. Su avance confirma que el mayor desafío no es construirlo, sino hacerlo dentro de límites técnicos y ambientales cada vez más exigentes.