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Juno detecta oxígeno en Europa, pero en niveles mucho más bajos de lo esperado

La misión Juno ha medido directamente el oxígeno en Europa y revela que es mucho menor de lo previsto, lo que reduce las expectativas sobre la habitabilidad de su océano subterráneo.

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Representación de la posible composición de la superficie de Europa, luna de Júpiter
Representación de la superficie de Europa, luna de Júpiter . Créditos: NASA/JPL-Caltech.

Europa, una de las lunas de Júpiter, ha sido durante décadas uno de los principales candidatos en la búsqueda de vida fuera de la Tierra. Su interés no está en la superficie congelada, sino en el océano global que se cree que existe bajo kilómetros de hielo, un entorno que podría haber permanecido estable durante millones de años.

Ese interés se apoyaba en una idea clave: no basta con tener agua, también hace falta una fuente de energía que permita sostener procesos químicos complejos. Durante años, los científicos consideraron que la radiación de Júpiter generaba grandes cantidades de oxígeno en la superficie, suficientes como para alimentar ese sistema desde el exterior.

Las nuevas mediciones de la sonda Juno obligan a revisar ese planteamiento. En 2022, la nave realizó un sobrevuelo a solo 353 kilómetros de Europa, lo que permitió analizar directamente su entorno por primera vez en lugar de depender de estimaciones indirectas que podían estar infladas.

A partir de esos datos, los investigadores calcularon que Europa produce entre 6 y 18 kilogramos de oxígeno por segundo, una cantidad real y constante pero muy inferior a las estimaciones previas, que en algunos modelos llegaban hasta los 1.100 kilogramos por segundo.

La diferencia es significativa porque implica que la energía química disponible sería mucho más limitada de lo que se creía, lo que reduce directamente la posibilidad de sostener formas de vida más complejas en el océano subterráneo.

Las observaciones anteriores detectaban oxígeno atrapado en el hielo, lo que llevó a interpretar que su abundancia era mayor. Juno, en cambio, ha medido el flujo activo generado por la interacción entre radiación y superficie, ofreciendo una referencia más cercana a lo que realmente podría alimentar ese entorno oculto.

Esto no significa que Europa sea un mundo estéril. Los científicos señalan que incluso niveles bajos de oxígeno podrían ser suficientes para sostener microorganismos simples, especialmente en un entorno donde la vida, si existe, tendría que adaptarse a condiciones extremas y a una disponibilidad limitada de energía.

El problema sigue abierto en un punto clave, ya que no está claro cuánto de ese oxígeno logra atravesar la capa de hielo y llegar al océano subterráneo, donde tendría relevancia biológica real, mientras otra parte puede quedar atrapada en la superficie o perderse en el espacio.

También existe una limitación temporal importante, porque las mediciones corresponden a un momento concreto y no se puede descartar que la producción de oxígeno haya sido mayor en el pasado o que varíe con el tiempo, lo que cambiaría el escenario.

El hallazgo no descarta la posibilidad de vida en Europa, pero sí la vuelve más incierta, manteniendo a la luna como un objetivo clave en la exploración del sistema solar aunque ahora bajo un marco más restrictivo que obliga a ajustar las expectativas científicas.

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