La mayor anomalía gravitacional de la Tierra no siempre estuvo bajo la Antártida

Un estudio reconstruyó la evolución de la mayor anomalía gravitacional del planeta y mostró que se desplazó, se intensificó y coincidió con transformaciones clave en la Antártida.

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

4 min lectura

Vista de la Antártida desde el espacio mostrando la capa de hielo sobre el continente
Créditos: NASA.

La Tierra no es una esfera perfecta. Su forma real se aproxima más a un geoide, una figura irregular que refleja cómo se distribuye la masa en su interior. Si el planeta fuera completamente uniforme, la gravedad sería igual en todos los puntos. Pero no lo es: pequeñas variaciones en la densidad de las rocas bajo la superficie generan diferencias en el tirón gravitatorio. Esas diferencias se conocen como anomalías gravitacionales y no implican que la gravedad “falle”, sino que el interior terrestre es dinámico y heterogéneo.

Entre todas ellas, destaca una por su magnitud: la mayor anomalía gravitacional del planeta se encuentra bajo la Antártida, en la región del mar de Ross. Allí, el material del manto —la capa situada bajo la corteza terrestre— es menos denso de lo habitual, lo que reduce ligeramente la gravedad respecto a otras zonas. A escala humana es imperceptible, pero a escala planetaria puede influir, por ejemplo, en pequeñas variaciones del nivel del mar.

Aunque esta anomalía se conoce desde hace décadas y ha sido cartografiada con gran detalle gracias a misiones satelitales como GRACE, su origen y evolución no estaban completamente explicados. El nuevo estudio, publicado en Scientific Reports, se centró en reconstruir cómo ha cambiado durante los últimos 70 millones de años, desde el final de la era de los dinosaurios hasta la actualidad.

Para lograrlo, el equipo utilizó una técnica que combina datos sísmicos, modelos físicos y simulaciones por ordenador. El método, denominado back-and-forth nudging, parte de la estructura interna actual de la Tierra y calcula hacia atrás cómo debió transformarse con el tiempo. En términos sencillos, permite “rebobinar” la dinámica del manto terrestre para estimar su evolución pasada.

Los resultados indican que hace 70 millones de años la mayor anomalía gravitacional no estaba en la Antártida, sino en el Atlántico Sur. Entre 50 y 30 millones de años atrás, esa región de menor gravedad se desplazó progresivamente hacia el mar de Ross. Desde hace unos 35 millones de años, además, su intensidad habría aumentado alrededor de un 30 %.

El estudio atribuye ese refuerzo a la subida de un gran volumen de material caliente y menos denso desde el manto profundo. Cuando ese material asciende, modifica la distribución de masas en el interior del planeta y, con ello, el campo gravitatorio. Este proceso revela que la dinámica profunda de la Tierra puede cambiar de manera sostenida durante millones de años, alterando el patrón de la gravedad en superficie.

Un aspecto relevante es que el desplazamiento y la intensificación de la anomalía coinciden en el tiempo con transformaciones ambientales importantes en la Antártida, incluido el inicio de la glaciación. Los autores plantean que esta coincidencia sugiere una posible influencia en el nivel del mar y en la acumulación de hielo. No obstante, subrayan que se trata de una correlación temporal y que la relación causal aún no está demostrada.

Comprender mejor cómo el interior terrestre moldea la gravedad y, en consecuencia, el nivel del mar, puede aportar información valiosa sobre la estabilidad de las grandes capas de hielo. El estudio no establece que la anomalía sea la causa directa de esos cambios, pero sí muestra que los procesos profundos del manto pueden interactuar con fenómenos superficiales. Esa conexión, todavía en análisis, abre una línea de investigación sobre cómo la dinámica interna del planeta influye en su superficie a lo largo del tiempo geológico.

Fuente: Nature

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