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Detectan recarga de magma en el supervolcán Kikai 7.300 años después de su mayor erupción

Un estudio identifica un reservorio activo bajo esta caldera submarina en Japón, aunque sin señales de una erupción inminente

3 min lectura
Volcán submarino Kikai en Japón representado en un entorno oceánico profundo
El volcán submarino Kikai, situado en Japón, forma parte de una gran caldera activa bajo el océano. Créditos: Seama Nobukazu.

Hace 7.300 años, el supervolcán Kikai protagonizó una de las mayores erupciones del Holoceno. Hoy, un nuevo estudio liderado por la Universidad de Kobe sugiere que el sistema que alimentó aquel evento sigue activo y ha vuelto a recibir magma, aunque de forma lenta y sin señales inmediatas de riesgo.

Los investigadores han identificado una zona bajo la caldera donde las ondas sísmicas se ralentizan, una señal típica de materiales calientes o parcialmente fundidos. A partir de estos datos, sitúan un reservorio entre 2,5 y 6 kilómetros de profundidad.

Ese detalle es relevante, pero también lo es su composición. No se trata de un lago de magma líquido, sino de una mezcla de roca sólida y fundido. El estudio estima que solo entre un 3% y un 6% está realmente fundido, lo que encaja con un sistema que se recarga lentamente.

Cómo se ha “visto” el interior del volcán

Para obtener esta imagen del subsuelo, el equipo desplegó 39 sismómetros en el fondo marino y realizó un perfil sísmico de 175 kilómetros. Utilizaron pulsos generados desde un buque para analizar cómo se propagaban las ondas bajo la caldera.

Al comparar esas señales, los científicos pudieron reconstruir la forma del reservorio, que presenta una estructura amplia y relativamente somera. El hecho de que Kikai sea en gran parte submarino facilita este tipo de estudios a gran escala, algo más difícil en volcanes terrestres.

El papel del domo de lava en la recarga

En el centro de la caldera se ha formado un domo de lava durante los últimos 3.900 años. Su composición química no coincide con la del material expulsado en la gran erupción, lo que indica que no es un resto antiguo, sino producto de magma más reciente.

Ese detalle cambia la interpretación del sistema. No se trata de un volcán “apagado” que conserva material del pasado, sino de una estructura que ha seguido recibiendo nuevas inyecciones de magma a lo largo del tiempo.

El volumen de este domo supera los 32 kilómetros cúbicos, lo que implica una entrada constante de material en el sistema. A partir de ese dato, los investigadores estiman una tasa media de recarga que, mantenida durante largos periodos, requeriría miles de años para acumular un volumen comparable al de una supererupción.

Qué implica realmente este hallazgo

La erupción Kikai Akahoya liberó entre 133 y 183 kilómetros cúbicos de magma, lo que la sitúa como una de las más intensas del Holoceno. Frente a esa escala, la recarga actual no implica un evento inminente, sino un sistema activo que evoluciona lentamente.

El valor del estudio está en mejorar la vigilancia. Seguir cambios en la velocidad de las ondas sísmicas permite identificar procesos internos antes de que se traduzcan en actividad visible. Este enfoque también se aplica a otros supervolcanes como Yellowstone, donde existen reservorios a profundidades similares.

La idea de que un supervolcán “se está rellenando” puede sonar alarmante, pero en geología implica tiempos largos y procesos graduales. Más que una señal de peligro inmediato, este tipo de resultados ayudan a entender cómo funcionan estos sistemas y a mejorar la capacidad de anticipación ante posibles cambios futuros.

Fuentes

1
Nature

www.nature.com/articles/s43247-026-03347-9

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