Ciencia
Publicado:

La peste ya mataba en Siberia hace 5.500 años, mucho antes de la Peste Negra

La peste no nació en las ciudades medievales ni necesitó ratas urbanas para matar. Un nuevo análisis de ADN antiguo revela que ya arrasaba comunidades en Siberia hace 5.500 años.

3 min lectura
Enterramiento prehistórico asociado a un antiguo brote de peste en Siberia.

Cuando pensamos en la peste, la imagen es casi automática: ratas, callejones embarrados, ciudades medievales hacinadas y la Europa diezmada por la Peste Negra. Esa estampa ha dominado durante siglos nuestra idea de la enfermedad más mortífera de la historia.

Pero un nuevo estudio publicado en Nature acaba de retrasar el reloj miles de años. La peste ya mataba hace 5.500 años, mucho antes de que existieran las ciudades, la agricultura a gran escala o las ratas urbanas que creíamos imprescindibles para propagarla. Y, lejos de ser una versión leve y primitiva, era ya brutalmente letal.

El enigma de las tumbas infantiles

El hallazgo viene de la región del lago Baikal, en Siberia oriental, donde un equipo internacional analizó el ADN antiguo conservado en los dientes de 46 cazadores-recolectores enterrados en cuatro cementerios. En 18 de ellos —casi el 40 %— encontraron rastros de Yersinia pestis, la bacteria de la peste. Es una tasa de detección incluso mayor que la de algunas fosas comunes medievales.

Y resolvió de paso un misterio que llevaba desconcertando a los arqueólogos desde los años noventa: por qué esas tumbas guardaban un número tan anormalmente alto de niños y adolescentes, muertos en un periodo de tiempo muy corto. La datación por radiocarbono mostró que muchos entierros se hicieron casi a la vez, a veces hermanos o padres e hijos juntos. La respuesta era la peste, golpeando con especial saña a los más pequeños, sobre todo a niños de entre 8 y 11 años.

Letal incluso sin pulgas ni ratas

Aquí está lo que de verdad cambia las cosas. Hasta ahora se pensaba que estas cepas tan antiguas eran poco peligrosas, porque les faltaban los genes que más tarde permitirían a la peste bubónica saltar eficazmente de roedor a humano a través de las pulgas. Sin ese mecanismo, se asumía que apenas podían causar brotes serios.

El estudio desmonta esa idea. Estas cepas primitivas portaban un "superantígeno", un factor genético productor de toxinas que ya no aparece en las cepas posteriores y que dispara respuestas inmunitarias extremas. Esa combinación las hacía altamente mortales aun sin las pulgas, probablemente contagiándose de persona a persona, y el primer brote arrasó a familias enteras en el plazo de una sola generación.

El origen apunta a las marmotas, grandes roedores excavadores que aún hoy transmiten la peste y con los que aquellos cazadores convivían de cerca; el salto pudo darse directamente del animal infectado al humano. Estas son, además, las cepas más antiguas y "originales" halladas hasta la fecha: empujan el nacimiento de la peste unos 2.000 años más atrás de lo que se creía, probablemente en Asia Central o nororiental, antes de que la enfermedad se extendiera por toda Eurasia.

La lección de fondo es que la peste no necesitó esperar a las ciudades para volverse una asesina. Mucho antes de los muros, los mercados y las ratas, ya era capaz de borrar a comunidades enteras en mitad de la estepa siberiana. Lo que cambió con la civilización no fue su letalidad, sino su alcance.

Fuentes

1
Nature

www.nature.com/articles/s41586-026-10540-5

Compartir artículo

Continúa informándote