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Por qué la contaminación por microplásticos en el aire empieza en tierra firme

La atmósfera se ha convertido en una vía clave para el transporte global de microplásticos. Nuevas mediciones muestran que su origen está mayoritariamente en tierra, y no en los océanos, como se pensaba hasta ahora.

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

3 min lectura

Carretera urbana con bruma y naves industriales al fondo

Durante años se asumió que los océanos eran el gran origen de los microplásticos presentes en la atmósfera. La fragmentación de residuos flotantes, el oleaje y la sal marina parecían explicar cómo estas partículas acababan viajando por el aire hasta regiones remotas. Esa idea se repitió en estudios, informes y debates públicos sin demasiadas objeciones.

Sin embargo, las mediciones reales nunca terminaron de encajar con esa narrativa.

Un análisis reciente basado en miles de observaciones atmosféricas repartidas por todo el mundo apunta en otra dirección. La mayor parte de los microplásticos que circulan en el aire no procede del mar, sino de fuentes terrestres vinculadas directamente a la actividad humana cotidiana. El tráfico rodado, el desgaste de neumáticos, la liberación de fibras textiles y la resuspensión de suelos contaminados aparecen como los principales responsables de esta contaminación invisible.

Al comparar las mediciones reales con modelos globales de transporte atmosférico, los investigadores detectaron una discrepancia clara. Las simulaciones utilizadas hasta ahora sobreestimaban de forma sistemática la cantidad de microplásticos presentes en la atmósfera, tanto sobre tierra como sobre océanos. Ajustar esa diferencia permitió recalcular las emisiones y cambiar de forma significativa la comprensión del problema.

El resultado es contundente. Desde tierra firme se emiten más de veinte veces más partículas microplásticas a la atmósfera que desde el océano. No se trata de una fuente puntual, sino de un flujo constante generado por actividades habituales que rara vez se asocian a la contaminación plástica del aire.

Eso no significa que el océano quede al margen. Las partículas que se liberan desde el mar suelen ser de mayor tamaño, lo que hace que su masa total pueda ser superior aunque el número de partículas sea menor. Esta diferencia entre cantidad y tamaño resulta clave para entender cómo se comportan los microplásticos en la atmósfera, cuánto tiempo permanecen en suspensión y qué distancia pueden recorrer.

La presencia de microplásticos en el aire plantea además interrogantes importantes sobre la salud. Estas partículas pueden ser inhaladas por humanos y animales y actuar como un vector de contaminación que conecta la atmósfera con suelos y océanos. Aunque los efectos a largo plazo todavía no están plenamente definidos, la evidencia disponible sugiere que el problema va mucho más allá de la contaminación marina.

El estudio también subraya una limitación clave. Aún faltan datos precisos sobre el tamaño de las partículas, la contribución exacta de cada fuente y las diferencias regionales. Sin esa información, evaluar con precisión la magnitud del fenómeno sigue siendo complicado, pero el mensaje principal ya es difícil de ignorar.

Si la mayor parte de los microplásticos atmosféricos se genera en tierra, las soluciones no pueden centrarse únicamente en limpiar los océanos. El foco debe ampliarse hacia el transporte, los materiales que utilizamos a diario y la forma en que gestionamos residuos y superficies urbanas. La contaminación por microplásticos ya no es solo un problema marino, sino un fenómeno global que viaja por el aire.

Fuente: Nature

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