SpaceX completó con éxito el décimo vuelo de prueba de su megacohete Starship, un avance clave en el desarrollo del vehículo más poderoso de la compañía. El lanzamiento se realizó este martes desde las instalaciones de Starbase, en Texas, y demostró mejoras notables en fiabilidad y seguridad tras una serie de incidentes en misiones previas.
La autorización llegó luego de que la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos cerrara la investigación sobre el Vuelo 9. Ese episodio había terminado con la pérdida de la nave superior y el propulsor Super Heavy, lo que generó dudas sobre la capacidad del sistema. La misión de ahora ofreció un contraste alentador, con un amerizaje exitoso en el océano Índico y la primera prueba de despliegue de carga útil en el espacio.
El historial reciente de Starship estuvo marcado por explosiones en tierra y fallos durante el descenso, lo que obligó a rediseños importantes. Entre los cambios aplicados destacan las nuevas aletas de rejilla, más grandes y resistentes, que mejoraron la estabilidad del propulsor en su retorno. También se introdujeron inspecciones más rigurosas para evitar daños internos en los tanques y recipientes de presión.
Aunque el Super Heavy del Vuelo 10 terminó destruyéndose en el Golfo de México tras un intento de amerizaje, los ingenieros destacan que la nave completó la mayoría de los objetivos previstos. SpaceX considera que cada vuelo de prueba proporciona información esencial para refinar el diseño y acercarse al reto mayor: convertirse en el módulo de aterrizaje lunar de la misión Artemis 3 de la NASA en 2027.
Elon Musk afirmó que la compañía prevé realizar hasta veinticinco vuelos de prueba de Starship durante 2025. El plan incluye intervalos de tres a cuatro semanas entre lanzamientos, lo que refleja la ambición de acelerar el desarrollo del cohete. Con cada iteración, SpaceX busca demostrar que su sistema es capaz de transportar grandes cargas y, en el futuro, llevar astronautas más allá de la órbita terrestre.