Venezuela vive una de sus peores jornadas en más de un siglo. La tarde del 24 de junio, dos terremotos de gran magnitud golpearon el noroeste del país con apenas segundos de diferencia, derrumbaron decenas de edificios y sembraron el pánico en Caracas y varias regiones del centro y norte del territorio.
El balance provisional que ofrecen las autoridades habla de al menos 164 muertos y cerca de mil heridos, una cifra que se teme aún mayor a medida que avanzan las labores de rescate. Miles de personas figuran como desaparecidas en las plataformas habilitadas para localizarlas.
Dos sismos en menos de un minuto
El primer movimiento, de magnitud 7,2, se registró cerca de San Felipe, capital del estado Yaracuy. Apenas unos cuarenta segundos después llegó el segundo, todavía más violento, de magnitud 7,5, con epicentro a unos 300 kilómetros de Caracas. La sacudida se sintió con fuerza incluso en varias ciudades de Colombia.
El Servicio Geológico de Estados Unidos describió el fenómeno como una secuencia sísmica doble de gran severidad y emitió una alerta roja, su categoría más alta, ante el riesgo de numerosas víctimas. Tras las primeras horas se contabilizaron más de veinte réplicas y se descartó la amenaza de tsunami.
No es una zona de temblores frecuentes, lo que agrava el impacto. Venezuela se asienta sobre el límite entre las placas del Caribe y Sudamérica, una frontera que produce seísmos poco habituales pero capaces de una violencia extrema, como ha quedado claro con el más fuerte registrado en la región en más de cien años.
La Guaira, declarada zona de desastre
El estado costero de La Guaira, situado al norte de la capital, concentra los daños más graves y ha sido declarado zona de desastre. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, lo describió como una verdadera tragedia, con edificios residenciales enteros colapsados y servicios básicos interrumpidos en varias localidades.
El golpe reaviva el recuerdo de la catástrofe de 1999, cuando esa misma región, entonces llamada Vargas, quedó arrasada por aludes de barro que causaron miles de muertos. La fecha agravó la situación, ya que era día festivo por el aniversario de la Batalla de Carabobo y miles de personas se encontraban en la costa.
Caracas, entre escombros y voces bajo las ruinas
En la capital, los equipos de rescate trabajaron toda la noche entre los restos de los edificios caídos. El alcalde de Chacao, uno de los municipios de Caracas, aseguró que aún se escuchan voces de personas atrapadas y confió en sacarlas con vida. La alcaldesa de la ciudad cifró en al menos 25 los fallecidos solo en Caracas.
Entre el horror también hubo escenas de alivio. En La Guaira, tres hermanos pequeños fueron rescatados con vida de entre los escombros de su vivienda derrumbada, un momento que un vecino grabó en plena madrugada. El aeropuerto Simón Bolívar quedó dañado y cerrado, y las clases se suspendieron en todo el país.
Miles de desaparecidos y comunicaciones caídas
Uno de los grandes problemas es la incertidumbre sobre el número real de víctimas. Un grupo de ciudadanos abrió una plataforma en internet para rastrear a personas sin localizar, donde las denuncias superan ya las treinta mil, aunque muchas de esas personas van apareciendo sanas y salvas conforme se restablece el contacto.
La caída de la electricidad y de las telecomunicaciones en zonas como La Guaira complica enormemente las tareas y deja a muchas familias sin saber de sus seres queridos. En medio de la emergencia, los principales operadores levantaron el bloqueo que pesaba sobre la red social X para facilitar la difusión de información.
Una emergencia en un país ya frágil
La catástrofe llega en un momento especialmente delicado para Venezuela. El país atraviesa una profunda crisis económica y social arrastrada durante años, y está gobernado por un Ejecutivo interino encabezado por Rodríguez tras la captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses a comienzos de este año.
La respuesta internacional, en cambio, fue inmediata. Coordinada en parte por Naciones Unidas y por el mecanismo de protección civil de la Unión Europea, una larga lista de países, entre ellos Italia, España, Francia, Alemania, Estados Unidos y México, anunció el envío de equipos de rescate, sanitarios y ayuda humanitaria.