En mayo de 2024 el Sol liberó una de las tormentas solares más intensas registradas en más de dos décadas. El fenómeno afectó a la Tierra con auroras visibles en latitudes poco habituales, pero también alcanzó Marte. Allí fue observado directamente por dos orbitadores europeos que se encontraban en órbita del planeta.
Las sondas Mars Express y ExoMars Trace Gas Orbiter, de la Agencia Espacial Europea (ESA), registraron el impacto del evento solar y sus efectos en la atmósfera marciana. El monitor de radiación del Trace Gas Orbiter detectó en apenas 64 horas una dosis equivalente a unos 200 días normales de radiación en la órbita de Marte, una señal clara de la intensidad de la tormenta.
Además del aumento de radiación, ambas naves experimentaron fallos informáticos temporales. Este tipo de errores es un efecto conocido del clima espacial cuando partículas solares de alta energía atraviesan sistemas electrónicos. Las sondas fueron diseñadas con protección frente a radiación y sistemas capaces de corregir estos errores, por lo que recuperaron su funcionamiento normal rápidamente.
El análisis científico del evento, publicado en Nature Communications, describe el efecto más notable observado en la atmósfera del planeta. La tormenta provocó un aumento masivo de electrones en dos capas de la atmósfera superior marciana. Las mediciones indican que la densidad electrónica aumentó alrededor de un 45 % en una capa situada a unos 110 kilómetros de altitud y hasta un 278 % en otra cercana a los 130 kilómetros. Es el incremento más grande registrado hasta ahora en esa región de la atmósfera de Marte.
Para medir estos cambios los investigadores utilizaron una técnica conocida como ocultación por radio. El método consiste en transmitir una señal entre dos orbitadores cuando uno de ellos desaparece tras el horizonte del planeta. Al atravesar la atmósfera, la señal se curva ligeramente al pasar por diferentes capas, lo que permite reconstruir su estructura y la cantidad de partículas presentes en ellas.
Tradicionalmente esta técnica se utilizaba enviando señales desde naves espaciales hacia antenas en la Tierra. En los últimos años los científicos han empezado a aplicarla directamente entre orbitadores alrededor de Marte, lo que permite obtener mediciones más detalladas de su atmósfera.
La forma en que Marte responde a las tormentas solares es muy distinta a la de la Tierra. Nuestro planeta cuenta con un campo magnético global que desvía gran parte de las partículas energéticas procedentes del Sol. Marte, en cambio, carece de una protección magnética comparable, por lo que su atmósfera queda más expuesta al impacto directo del viento solar.
Comprender estos procesos es importante para explicar la evolución del planeta. Los investigadores consideran que la interacción constante con el viento solar pudo contribuir a que Marte perdiera gran parte de su atmósfera y de su agua a lo largo de miles de millones de años.
Las observaciones también tienen implicaciones prácticas para la exploración espacial. Si la atmósfera superior de Marte se llena de electrones durante una tormenta solar, las señales de radio pueden verse afectadas, lo que podría interferir con radares científicos o con las comunicaciones entre orbitadores y vehículos que operan en la superficie.
Eventos como este muestran que las tormentas solares no solo afectan a la Tierra. También moldean el entorno espacial de otros planetas y ayudan a entender cómo han evolucionado sus atmósferas bajo la influencia continua del Sol.