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El vuelo 12 de Starship muestra avances, pero la pérdida de Super Heavy pesa sobre SpaceX

El vuelo 12 de Starship dejó avances importantes para SpaceX, aunque la pérdida de Super Heavy muestra que el sistema aún debe resolver problemas clave antes de ser fiable para misiones lunares.

3 min lectura
Lanzamiento de Starship sobre la costa de Texas
Créditos: SpaceX

El vuelo 12 de Starship dejó una conclusión incómoda para SpaceX: el sistema ya puede completar partes importantes de una misión, pero todavía no ha demostrado que pueda recuperar su propulsor de forma fiable, una condición esencial si quiere convertirse en la pieza que la NASA necesita para volver a la Luna.

La prueba tuvo avances claros. Tras varios aplazamientos, Starship V3 despegó desde Starbase, logró separar correctamente sus dos etapas y la nave Starship S39 cumplió buena parte del perfil previsto. También liberó las maquetas de Starlink que llevaba como carga útil y terminó con un amerizaje en el océano Índico.

El problema estuvo en Super Heavy B19. El propulsor debía regresar hacia el Golfo de México, pero acumuló fallos en sus motores durante la maniobra de vuelta. Al no poder frenar correctamente, terminó desintegrándose y sus restos impactaron en el océano lejos del punto previsto por SpaceX.

Uno de los primeros fallos apareció poco después del despegue, cuando se apagó un motor del anillo exterior del propulsor. Más tarde, tras la separación de etapas, algunos motores no llegaron a activarse como estaba previsto. Poco después, la explosión de uno de los motores del anillo intermedio afectó también a varios motores cercanos.

Con ese sistema dañado, el encendido de regreso quedó muy limitado. Solo se activaron cinco motores del anillo intermedio, insuficientes para controlar bien la caída de un propulsor que descendía a gran velocidad. El resultado fue una pérdida completa de Super Heavy durante una fase crítica para el futuro reutilizable del sistema.

La nave Starship tampoco tuvo un vuelo perfecto. Uno de sus motores se apagó antes de tiempo, lo que obligó a compensar el problema manteniendo otros motores encendidos durante más tiempo. Aun así, esa incidencia pudo gestionarse y no impidió que la nave completara buena parte de los objetivos previstos.

Otro punto pendiente fue el encendido orbital. SpaceX tenía previsto probar el encendido individual de un motor en el espacio, una maniobra importante para futuras inserciones orbitales y retornos controlados. Sin embargo, el plan se canceló por las incidencias acumuladas con los motores.

El vuelo, por tanto, no fue un fracaso, pero tampoco una prueba cerrada. SpaceX consiguió validar partes importantes de Starship V3, incluida la separación de etapas, el desempeño general de la nave y la liberación de carga simulada. Pero perdió el propulsor y dejó sin completar una maniobra clave en el espacio.

Para la NASA, estos detalles importan. Starship forma parte del plan de Artemis para llevar astronautas a la superficie lunar, y ese objetivo exige mucho más que despegar con éxito. Hace falta reencender motores en el espacio, recuperar etapas, reutilizar vehículos y operar con una fiabilidad que todavía no está demostrada.

La lectura final es menos triunfalista y más realista. Starship avanza, pero Super Heavy sigue siendo una de las grandes tareas pendientes. El cohete ya puede volar, pero si SpaceX quiere que sea útil para la Luna, tendrá que demostrar que también puede volver.

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