Un nuevo estudio acaba de revelar la historia evolutiva de Escovopsis, un hongo que lleva millones de años viviendo dentro de las colonias de hormigas cultivadoras de hongos. Aunque durante décadas se pensó que era un parásito altamente especializado, la investigación muestra un panorama mucho más diverso y complejo, donde este grupo se ha ido transformando y adaptando conforme cambiaban sus anfitrionas.
Las hormigas agricultoras, conocidas por mantener jardines de hongos para alimentarse, surgieron hace unos 66 millones de años. Escovopsis apareció poco después, pero solo se integró de manera estable en estos sistemas hace unos 38 millones de años. Ese fue el punto en el que comenzó su relación duradera con ciertos grupos de hormigas, especialmente las más derivadas, como Atta y Acromyrmex, famosas por cortar hojas para cultivar hongos.
El trabajo, basado en la mayor colección de muestras de Escovopsis reunida hasta la fecha, muestra que este hongo no está presente en todas las especies de hormigas agricultoras. Se asocia únicamente con algunos géneros, mientras que otros albergan parientes cercanos pero distintos. Esta distribución desigual indica que la relación entre hormigas y hongos fue cambiando en diferentes momentos de la evolución.
Los investigadores también descubrieron que Escovopsis se encuentra ampliamente distribuido en América Central y del Sur, pero que su diversidad varía según el lugar. En regiones como Panamá y Brasil, donde se han realizado más estudios, se detecta una mezcla de linajes muy antiguos y otros más recientes, lo que sugiere que hubo múltiples expansiones y recolonizaciones a lo largo del tiempo.
Uno de los hallazgos más llamativos del trabajo es cómo ha ido cambiando la forma y el funcionamiento del hongo. Las especies más antiguas presentan estructuras redondeadas para formar sus esporas, mientras que las más recientes desarrollaron formas alargadas y delgadas, que permiten producirlas con mayor eficiencia. Esto podría haber dado a Escovopsis una ventaja dentro de los jardines de hongos de las hormigas.
Además de estos cambios morfológicos, también se observaron mejoras fisiológicas: las especies más modernas crecen más rápido, producen más esporas y muestran una mayor capacidad de supervivencia. Todo indica una tendencia evolutiva hacia una reproducción más abundante y eficiente, posiblemente para sortear las defensas de las hormigas y la competencia con otros microorganismos dentro del nido.
Contrario a lo que se creía, el estudio muestra que Escovopsis no evolucionó en sincronía con todas las hormigas agricultoras. En lugar de una coevolución estricta, parece que el hongo fue saltando entre distintos grupos de hormigas a lo largo de millones de años, adaptándose a cada nuevo entorno. La relación, por tanto, no es tan lineal ni tan exclusiva como se había propuesto en el pasado.
Los científicos también sugieren que Escovopsis podría haber desarrollado adaptaciones específicas para persistir en colonias altamente organizadas, donde las hormigas mantienen defensas físicas y químicas contra microorganismos no deseados. Estas defensas incluyen comportamientos de limpieza, selección de hongos beneficiosos y el uso de bacterias que producen compuestos antibióticos.
Aun así, muchos aspectos del comportamiento de Escovopsis siguen sin conocerse bien. Aunque algunas especies pueden comportarse como parásitos agresivos en laboratorio, en condiciones naturales su impacto real en las colonias de hormigas parece ser mucho más variable. Algunas cepas apenas causan daño, mientras que otras podrían representar una amenaza mayor para los jardines de hongos.
Los autores del estudio destacan que aún queda mucho por descubrir. La compleja red de relaciones entre hormigas, hongos cultivados y hongos simbiontes como Escovopsis es uno de los sistemas ecológicos más sofisticados del planeta. Comprender cómo surgió y cómo evolucionó no solo ayuda a desentrañar su historia, sino que también abre nuevas preguntas sobre la dinámica de las simbiosis a lo largo del tiempo.
Fuente: Communications Biology