La capital de Ucrania, Kiev, fue sacudida la madrugada del 6 de junio por un ataque ruso de gran envergadura que dejó al menos cuatro personas muertas y más de una veintena de heridos, según informaron autoridades locales. El bombardeo, que se produjo mediante el lanzamiento coordinado de drones y misiles, se sintió en diferentes distritos de la ciudad, marcando uno de los episodios más violentos desde el inicio de la invasión a gran escala.
Las sirenas antiaéreas resonaron durante horas en Kiev mientras los residentes buscaban refugio en estaciones de metro y sótanos. El impacto directo de un dron ruso contra un edificio de apartamentos en el distrito de Solomianskyi causó graves daños estructurales y provocó la caída de bloques de hormigón que aplastaron vehículos estacionados. Testigos presenciales describieron el estruendo de las explosiones y el zumbido incesante de drones en el cielo, creando una atmósfera de pánico y tensión entre la población.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, confirmó que 20 personas resultaron heridas, 16 de ellas permanecen hospitalizadas en estado grave. Además de las pérdidas humanas, la ofensiva dejó importantes daños en la infraestructura urbana, el sistema de transporte subterráneo sufrió interrupciones y varias líneas ferroviarias fueron desviadas por los destrozos en las vías. Las autoridades señalaron que se investiga la posible presencia de restos tóxicos tras los incendios provocados por los misiles.
El ataque fue interpretado como una represalia directa tras las acciones ucranianas que, días antes, destruyeron varios bombarderos estratégicos rusos en territorio enemigo utilizando drones cuadricópteros. El presidente ruso, Vladimir Putin, había advertido públicamente de un contraataque inminente, en declaraciones transmitidas por el expresidente estadounidense Donald Trump tras una conversación telefónica entre ambos líderes.
Las explosiones se sintieron también en otras regiones del país. En Ternopil, al oeste de Ucrania, los bombardeos rusos dejaron sin electricidad parte de la ciudad e hirieron a cinco personas, mientras que en Lutsk, al noroeste, se reportaron daños en viviendas, edificios gubernamentales e instituciones educativas. Las autoridades locales advirtieron a la población sobre el riesgo de contaminación tóxica en el aire tras los incendios.
La fuerza aérea ucraniana confirmó que el ataque combinado incluyó tanto drones kamikaze como misiles de crucero, dirigidos a objetivos civiles e industriales. A pesar de la intensificación de los bombardeos, la defensa antiaérea logró interceptar y derribar una parte significativa de los proyectiles lanzados, aunque no pudo evitar el saldo trágico en la capital.
La escalada de ataques rusos sobre Kiev y otras ciudades ucranianas refleja un endurecimiento del conflicto y una voluntad explícita del Kremlin de responder militarmente a los golpes sufridos en su propio territorio. Este ciclo de represalias y bombardeos masivos mantiene en vilo a la población civil y complica los esfuerzos diplomáticos para una salida negociada.
Mientras la comunidad internacional condena el uso indiscriminado de la fuerza contra centros urbanos, los ucranianos resisten el asedio diario en medio del miedo y la incertidumbre. La capacidad de resiliencia de la sociedad civil en Kiev es puesta a prueba por cada nuevo ataque, mientras crece la presión sobre Occidente para reforzar la ayuda humanitaria y militar al país.
Fuente: Reuters