La guerra en Oriente Medio está alterando los flujos globales de petróleo y obligando a los grandes consumidores a revisar sus estrategias de abastecimiento. En este contexto, varias refinerías estatales chinas están evaluando la posibilidad de reanudar compras de crudo procedente de Estados Unidos tras nueve meses de suspensión.
La interrupción del suministro en una de las regiones clave para la producción mundial ha impulsado con fuerza los precios del petróleo. El contrato de crudo para entrega inmediata en la bolsa estadounidense NYMEX subió más de 20 dólares hasta alcanzar los 111,24 dólares por barril en la apertura del 8 de marzo, reflejando el nerviosismo del mercado ante posibles problemas de abastecimiento.
China depende en gran medida de las importaciones para cubrir su demanda energética, por lo que cualquier perturbación prolongada en Oriente Medio puede tener consecuencias directas sobre su seguridad energética. Analistas y responsables de adquisición de refinerías estatales indican que el país está considerando “todos los barriles disponibles en el mercado mundial” para asegurar el suministro interno.
La posible vuelta al petróleo estadounidense resulta llamativa porque las refinerías chinas suspendieron prácticamente estas compras en junio de 2025 debido a las tensiones comerciales entre Pekín y Washington. Desde entonces, las importaciones de crudo estadounidense hacia China se redujeron un 72,6% interanual, hasta 2,29 millones de toneladas métricas según datos de aduanas.
Los aranceles adicionales del 20% impuestos a la energía procedente de Estados Unidos siguen en vigor, lo que hasta ahora había desincentivado las compras. Fuentes del sector de refinación estimaban que aceptar crudo estadounidense podría generar pérdidas cercanas a 30 dólares por barril una vez sumados el coste del transporte marítimo y los aranceles.
Aun así, algunos estrategas del sector energético señalan que la prioridad del gobierno chino es garantizar el abastecimiento del mercado interno, incluso si eso reduce los márgenes de las refinerías. Las compañías estatales operan bajo directrices que colocan la seguridad energética por encima de la rentabilidad cuando surgen crisis de suministro.
El encarecimiento del transporte marítimo también refleja las tensiones del mercado. El coste del flete para un superpetrolero VLCC de 270.000 toneladas desde la costa del Golfo de Estados Unidos hasta China alcanzó recientemente los 26 millones de dólares. Apenas unos días antes había marcado un máximo histórico cercano a los 29,3 millones.
Estos costes logísticos influyen directamente en el precio final del crudo importado. El transporte desde América hasta Asia puede representar decenas de dólares por barril, lo que explica por qué las refinerías evalúan cuidadosamente cada origen de suministro en función de los precios globales y de la disponibilidad inmediata.
A pesar de las dificultades del mercado, China dispone de amplias reservas de petróleo. Los datos de seguimiento satelital indican que las existencias en tierra alcanzaron un máximo histórico de 1.320 millones de barriles a comienzos de marzo. Estas reservas permiten amortiguar posibles interrupciones temporales del suministro internacional.
El gobierno también ha ordenado a las refinerías reducir las exportaciones de productos petrolíferos refinados con el objetivo de limitar el consumo de crudo y preservar inventarios. La estrategia busca asegurar combustible suficiente para la economía doméstica si el conflicto en Oriente Medio continúa afectando la producción y las rutas energéticas.
La posible reanudación de las importaciones de crudo estadounidense ilustra cómo las crisis regionales pueden reconfigurar rápidamente el comercio energético mundial. Cuando los flujos tradicionales se ven amenazados, incluso países enfrentados en disputas comerciales pueden verse obligados a reconsiderar sus relaciones energéticas para garantizar el suministro.