Un equipo de investigadores argentinos logró un avance significativo frente a una de las amenazas más graves para la salud pública mundial: las bacterias resistentes a los antibióticos. Estos patógenos provocan más de 700.000 muertes al año y su expansión, especialmente en hospitales y unidades de terapia intensiva, ha reducido de forma alarmante las opciones terapéuticas disponibles para médicos y pacientes en todo el mundo.
El trabajo fue desarrollado por científicos del CONICET y de la Universidad Nacional de Hurlingham, en el marco de investigaciones orientadas a encontrar nuevas estrategias frente a infecciones cada vez más difíciles de tratar.
La investigación demostró que el cannabidiol (CBD), un compuesto no psicoactivo del cannabis, puede potenciar de manera notable la acción de la colistina, un antibiótico de uso crítico que suele emplearse como último recurso frente a infecciones graves causadas por bacterias multirresistentes.
Las pruebas de laboratorio revelaron que, cuando se administran por separado, ni el CBD ni la colistina logran eliminar ciertas bacterias gramnegativas multirresistentes. Sin embargo, al combinar ambos compuestos se produce un efecto sinérgico que permite destruir microorganismos que hasta ahora resultaban prácticamente intratables, incluso en contextos clínicos complejos.
Este resultado es clave porque abre la posibilidad de reducir las dosis necesarias de colistina sin perder eficacia terapéutica.
La colistina es un antibiótico altamente eficaz, pero su uso prolongado o en dosis elevadas puede provocar efectos adversos graves, como daño renal y alteraciones neurológicas. Al disminuir la cantidad requerida del antibiótico gracias a la combinación con CBD, el tratamiento podría volverse más seguro, especialmente en pacientes críticos que ya presentan un estado de salud comprometido.
El estudio se centró en bacterias gramnegativas frecuentes en entornos hospitalarios, incluidas especies responsables de infecciones pulmonares, sanguíneas, urinarias y de heridas quirúrgicas, que suelen concentrarse en unidades de cuidados intensivos y presentan múltiples mecanismos de defensa frente a los antibióticos tradicionales.
Además, la combinación mostró una elevada eficacia contra biofilms, estructuras bacterianas altamente resistentes que dificultan el tratamiento y favorecen la persistencia de las infecciones en el tiempo.
Aunque los resultados son prometedores, los investigadores subrayan que aún serán necesarios estudios preclínicos y ensayos clínicos para confirmar la seguridad y eficacia de esta estrategia antes de su aplicación médica a gran escala.