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Estudio fija cuánto ejercicio, sueño y sedentarismo influyen en el riesgo de demencia

Un metaanálisis con millones de adultos pone cifras concretas a tres hábitos diarios clave y su impacto en el riesgo de demencia a partir de los 35 años.

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Mujer durmiendo en la cama

Durante años se ha repetido que moverse más, dormir mejor y evitar el sedentarismo ayuda a la salud, pero pocas veces se había definido cuánto es suficiente para proteger el cerebro. Esa falta de precisión es justo lo que intenta resolver este análisis.

Para ello, investigadores revisaron decenas de estudios que siguieron durante años a millones de personas sin demencia al inicio. El objetivo era identificar patrones consistentes entre actividad física, tiempo sentado y horas de sueño, y medir su efecto real sobre el deterioro cognitivo.

Cuánta actividad física ayuda realmente a reducir el riesgo

El estudio sitúa un punto claro: alrededor de 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico se asocian con una reducción cercana al 25% en el riesgo de demencia frente a quienes mantienen un estilo de vida inactivo.

Más allá del número, el patrón es consistente. Mantener una rutina de movimiento regular parece reforzar la resistencia del cerebro con el tiempo, en parte por mejoras en la circulación, la salud cardiovascular y ciertos procesos que ayudan a proteger las neuronas.

El impacto de pasar demasiadas horas sentado

En el lado opuesto, el sedentarismo prolongado aparece como un factor de riesgo relevante. Pasar ocho horas o más al día sentado se vincula con un aumento cercano al 27% en la probabilidad de desarrollar demencia.

Este dato introduce un matiz importante. No basta con hacer ejercicio si el resto del día se mantiene una rutina muy estática. Ambos comportamientos pueden coexistir y tener efectos distintos sobre el organismo.

Además, permanecer largos periodos sin moverse se asocia con alteraciones metabólicas como la inflamación crónica o la resistencia a la insulina, factores que también afectan al funcionamiento del cerebro a medio y largo plazo.

El rango de sueño que mejor protege al cerebro

El descanso no sigue una relación lineal. Dormir menos de siete horas se asocia con un mayor riesgo, pero hacerlo durante más de ocho tampoco parece beneficioso, situando el punto óptimo en un rango intermedio.

Durante el sueño, el cerebro activa mecanismos de limpieza y regulación que eliminan desechos y controlan la inflamación. Dormir poco puede interferir en estos procesos, mientras que dormir en exceso podría estar relacionado con problemas de salud previos o cambios tempranos en el propio cerebro.

El estudio deja una idea bastante clara. Una parte significativa del riesgo de demencia no depende solo de factores inevitables, sino también de hábitos cotidianos que pueden modificarse, aunque los autores insisten en que se trata de un análisis observacional y no permite establecer una relación causal directa.

Temas: Salud

Fuentes

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PLOS One

journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0343621

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