Commodore, la mítica marca de ordenadores de los ochenta, vuelve a sonar, y esta vez se sube a la moda del momento: la desintoxicación digital. Su nuevo producto es el Callback 8020, un teléfono plegable con pinta de Nokia de hace veinte años que, en realidad, esconde un smartphone moderno por dentro.
La promesa es tan simple como provocadora: darte todo lo útil del móvil y nada de lo que te engancha. Nada de Instagram, nada de TikTok, nada de scroll infinito a las dos de la mañana. Pero sin dejarte incomunicado como los teléfonos "tontos" de toda la vida.
Un teléfono que prohíbe lo que te distrae
El Callback funciona con Sailfish OS, un sistema basado en Linux de la finlandesa Jolla —fundada por antiguos ingenieros de Nokia— que prescinde por completo de Google pero es compatible con el 99 % de las apps de Android. Eso le permite ejecutar lo esencial: WhatsApp, Signal, Spotify, Google Maps o Uber.
La gracia está en lo que no deja instalar. A nivel de sistema, con una tecnología pendiente de patente, el teléfono bloquea redes sociales, navegadores de internet y clientes de correo. No es que vengan desactivados: es que no puedes ponerlos. Su tienda propia, la Commodore Store, solo ofrece apps aprobadas, y si necesitas alguna concreta —un autenticador, una app de seguridad del hogar— hay una lista blanca que se revisa con ayuda de IA y, en la duda, una persona.
El gesto físico es parte del mensaje. La pantalla exterior solo muestra hora, fecha y batería, sin notificaciones, y para usarlo hay que abrirlo. Como explica su CEO, Christian "Peri Fractic" Simpson, cerrar la tapa al sentarte a comer con alguien es "una declaración física": una decisión consciente de desconectar, no un iPhone bocabajo que vuelves a mirar a los diez segundos.
Retro por fuera, capaz por dentro
El diseño es puro Y2K, pero las tripas cumplen. Monta un procesador MediaTek Helio G81, 4 GB de RAM y 64 GB ampliables por microSD, con una cámara Sony de 48 megapíxeles que incluso trae un modo videocámara noventero con filtros. La batería es extraíble —algo casi extinto hoy— y no faltan toma de auriculares de 3,5 mm con DAC de calidad, radio FM y auriculares FiiO a medida.
Los detalles nostálgicos rematan la jugada: tonos de llamada con chiptunes del Commodore 64 original, una selección de juegos del C64 y el clásico Snake. Para escribir toca recuperar el viejo arte del T9, aunque hay texto predictivo y transcripción de voz. Y quien venga de iPhone puede seguir recibiendo los iMessage mediante una app puente, tras una configuración inicial con un Mac.
Precio, fecha y a quién va dirigido
El Callback 8020 abre reservas el 30 de junio y se espera que llegue a finales de 2026. Cuesta desde 499 dólares en sus colores básicos —apuntándote a la lista de espera te ahorras 50—, sube a 549 en la edición translúcida Starlight y llega a 639 en la Founder's Edition dorada con un botón chapado en oro de 24 quilates. Es, en la práctica, la mitad de lo que vale un iPhone de gama alta, pero también mucho más caro que un teléfono básico de verdad.
Y ahí está la pregunta incómoda. El propio Simpson, que ideó el aparato al ser padre y querer estar más presente, no lo vende como sustituto del smartphone, sino como "el teléfono del fin de semana" o el de salir con la familia. La empresa incluso lo promociona entre colegios que prohíben los móviles. Si pagar 499 dólares por un teléfono que te quita funciones tiene sentido dependerá de cuánto valores recuperar tu atención… y de si la fuerza de voluntad te salía gratis.