Las comparaciones realizadas entre el 20 de febrero de 2025 y el 20 de febrero de 2026 no solo retratan un cambio de color en el paisaje del noreste de Marruecos y del sur de España. En la primera imagen dominan los tonos apagados asociados a la aridez; en la segunda, el verde se impone sobre amplias superficies que un año antes parecían exhaustas.
El contraste responde a un factor concreto: las lluvias intensas registradas en enero y febrero de 2026. Según Copernicus, en febrero de 2025 la región atravesaba una sequía grave, con escasa cobertura vegetal visible desde el espacio. Doce meses después, tras precipitaciones persistentes, la misma franja territorial aparece cubierta por vegetación renovada. El giro es rápido y visible.
Ese cambio visual tiene una base material. A 20 de febrero de 2026, los recursos hídricos disponibles alcanzaron los 11.800 millones de metros cúbicos, un 155% más que en el mismo periodo del año anterior. La cifra no es menor: implica que el sistema pasó de reservas tensionadas a un volumen que permite mayor margen operativo en el corto plazo. No se trata solo de que el terreno reverdezca, sino de que el agua almacenada aumentó de forma sustancial.
Los embalses reflejan la misma dinámica. En Marruecos, las presas alcanzaron el 70,7% de su capacidad total. Ese nivel ofrece mayor seguridad para el abastecimiento agrícola y urbano inmediato, pero también deja claro que la recuperación depende de episodios concentrados de lluvia. La mejora no obedece a una transformación estructural del régimen climático confirmada, sino a un ciclo de precipitaciones particularmente intenso.
En la costa occidental marroquí, bañada por el Atlántico, la diferencia es especialmente evidente. Donde en 2025 predominaba la señal de sequía, en 2026 el verde domina amplias extensiones. La imagen sintetiza una realidad menos estética que funcional: el territorio responde con rapidez cuando el agua regresa, pero también acusa con la misma rapidez su ausencia.
La comparación entre ambos años expone una alta sensibilidad a la variabilidad de las precipitaciones. Que el paisaje pueda pasar de sequía severa a recuperación vegetal en solo doce meses muestra una resiliencia aparente, pero también una dependencia marcada de lluvias intensas concentradas en pocos meses.
Las imágenes satelitales no solo documentan un alivio temporal. Dejan constancia de un equilibrio inestable: el sur de España y Marruecos pueden recuperarse con rapidez cuando se encadenan episodios húmedos, pero esa recuperación sigue atada a ciclos irregulares que pueden invertirse con la misma velocidad.