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Detectan un flujo ultrarrápido expulsado por el agujero negro de NGC 3783 tras una inesperada llamarada de rayos X

Nuevas observaciones muestran que una llamarada de rayos X en NGC 3783 desencadenó la expulsión de un flujo ultrarrápido, permitiendo estudiar cómo se acelera el material cerca del agujero negro

Autor - Aldo Venuta Rodríguez

4 min lectura

Ilustración de un agujero negro supermasivo generando potentes vientos
Representación de un agujero negro supermasivo lanzando vientos extremadamente rápidos tras una explosión inédita detectada con XMM-Newton y XRISM. Crédito: Agencia Espacial Europea (ESA).

Una campaña internacional de observación reveló un fenómeno que rara vez puede verse con tanto detalle: un flujo de material que salió disparado desde el entorno del agujero negro supermasivo de la galaxia NGC 3783. El evento se produjo justo después de una suave pero intensa llamarada de rayos X, lo que permitió a los científicos registrar el momento en que este chorro de gas comenzaba a acelerarse.

La detección fue posible gracias a XRISM, la nueva misión espacial de rayos X desarrollada por JAXA, NASA y ESA, que ofrece una resolución sin precedentes para estudiar regiones extremadamente energéticas del cosmos. Durante una campaña de diez días, el telescopio captó variaciones rápidas en la emisión de la galaxia, hasta que una caída pronunciada en el espectro reveló algo inesperado.

Los datos mostraron una marca clara de absorción que solo podía explicarse por un flujo de gas moviéndose hacia afuera a una velocidad cercana al 20% de la velocidad de la luz. En términos simples, un viento ultrarrápido escapaba del entorno del agujero negro a más de 57 000 km por segundo, una velocidad que solo se alcanza en procesos muy extremos.

El hallazgo es especialmente relevante porque este tipo de flujos suelen ser breves y difíciles de estudiar. En esta ocasión, la secuencia de observaciones permitió seguir su evolución durante varias fases: antes de la llamarada, durante el ascenso y la caída del brillo, y en los minutos posteriores. Esa continuidad dio a los investigadores una vista sin precedentes del nacimiento y aceleración del fenómeno.

Los datos muestran que el flujo no apareció de golpe. Primero, se movía a solo un 5% de la velocidad de la luz. Luego, durante la llamarada de rayos X, comenzó a ganar velocidad de manera abrupta hasta alcanzar su máximo. Todo esto ocurrió en cuestión de horas, un ritmo rapidísimo a escala astronómica.

Este comportamiento llevó a los científicos a compararlo con las eyecciones de masa coronal que se observan en el Sol: explosiones repentinas donde el campo magnético libera grandes cantidades de energía y lanza plasma al espacio. En NGC 3783 podría estar ocurriendo algo similar, pero en un entorno mucho más extremo, cerca del disco de material que alimenta al agujero negro.

La conexión entre la llamarada y el flujo ultrarrápido es uno de los aspectos más interesantes del estudio. La aceleración del material parece seguir el mismo patrón que la evolución del brillo en diferentes longitudes de onda, lo que sugiere que ambos fenómenos comparten un origen común o están directamente acoplados.

Durante la fase de caída de la llamarada, el equipo también detectó indicios de un segundo flujo más lento, probablemente relacionado con estructuras más densas incrustadas en el viento principal. Aunque su firma es más débil, aporta pistas sobre cómo se organizan estos chorros y cómo interactúan con el entorno cercano.

El resultado muestra la importancia de contar con instrumentos capaces de estudiar cambios muy rápidos en el cielo. Hasta ahora, este tipo de flujos se había observado en pocas ocasiones y con datos incompletos. XRISM permitió una reconstrucción detallada del fenómeno, abriendo la puerta a investigaciones más profundas sobre cómo los agujeros negros influyen en sus galaxias.

Para los astrónomos, este evento no solo confirma la existencia de vientos ultrarrápidos, sino que también ofrece una oportunidad única para comprender cómo se generan, cómo se aceleran y qué papel juegan en el equilibrio energético de los núcleos galácticos activos.

Fuente: Astronomy & Astrophysics

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