La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha alertado de que el sistema petrolero global atraviesa una perturbación sin precedentes. El organismo considera que la actual crisis energética se debe principalmente al cierre del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el transporte internacional de crudo.
El estrecho conecta el golfo Pérsico con los mercados mundiales y durante años ha funcionado como un corredor crítico para el comercio energético. Antes del conflicto, alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo atravesaban esta vía marítima. Con el bloqueo actual, el flujo efectivo se ha reducido hasta unos ocho millones de barriles diarios.
El cierre fue ordenado por Irán tras los ataques de Estados Unidos e Israel en el marco del conflicto en Oriente Medio. La interrupción del tránsito marítimo ha complicado el transporte de petróleo desde varios de los principales países exportadores del Golfo, que dependen de esa ruta para enviar su producción a Asia, Europa y otras regiones.
A la restricción del transporte se suman los daños sufridos por instalaciones energéticas en la región. Los ataques a infraestructuras petroleras han obligado a varios países del Golfo a reducir su producción, lo que amplifica el impacto del bloqueo sobre el suministro global de crudo.
Ante la magnitud de la interrupción, la AIE y sus países miembros acordaron liberar 400 millones de barriles de petróleo procedentes de reservas estratégicas. Se trata de la mayor liberación coordinada de este tipo registrada hasta ahora, diseñada para introducir rápidamente petróleo adicional en el mercado.
El organismo considera que la medida puede ayudar a contener la presión inmediata sobre los precios, pero subraya que se trata de una solución temporal. Las reservas estratégicas están concebidas para emergencias puntuales y no pueden sustituir durante mucho tiempo el flujo normal de producción y transporte.
Las cifras globales muestran que el sistema energético dispone todavía de un colchón considerable. Las reservas mundiales superan los 8.200 millones de barriles, el nivel más alto desde principios de 2021. Una parte significativa de estos recursos está en manos de países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, cuyos gobiernos mantienen reservas para situaciones de crisis.
A pesar de estas medidas, los mercados han reaccionado con rapidez. El precio del petróleo Brent ha superado los 96 dólares por barril tras subir alrededor de un cinco por ciento en una sola jornada, después de situarse cerca de los 90 dólares el día anterior. Estas variaciones reflejan la incertidumbre que genera cualquier interrupción importante en el suministro mundial.
La AIE estima que parte del déficit podría compensarse con aumentos de producción en países no pertenecientes a la alianza OPEP+. Según sus previsiones, productores como Kazajistán, Rusia y otros estados externos al grupo podrían impulsar el crecimiento del suministro global durante 2026.
El alcance real de la crisis dependerá de cuánto se prolongue el conflicto y de si el transporte marítimo logra restablecerse. Mientras tanto, la situación vuelve a poner de relieve la dependencia del sistema energético mundial de un pequeño número de corredores estratégicos cuya interrupción puede alterar rápidamente el equilibrio del mercado petrolero global.