El cometa interestelar 3I/ATLAS, descubierto a comienzos de 2025, ha sorprendido a la comunidad científica al mostrar un incremento de brillo mucho más rápido de lo previsto. Las observaciones más recientes revelan que su luminosidad crece a un ritmo inusual para un objeto de su tipo, superando ampliamente el comportamiento típico de los cometas que provienen de la nube de Oort.
3I/ATLAS es apenas el tercer objeto conocido que ha ingresado a nuestro sistema solar procedente de otro sistema planetario, después de 'Oumuamua' en 2017 y 2I/Borisov en 2019. Su paso representa una oportunidad excepcional para estudiar materiales formados en torno a otras estrellas y entender mejor la diversidad de composiciones químicas del universo.
El aumento de brillo fue registrado por una combinación de satélites y observatorios espaciales, entre ellos las sondas STEREO-A y STEREO-B, el Observatorio Solar y Heliosférico (SOHO) y el satélite meteorológico GOES-19. Los telescopios terrestres no podrán volver a observar el cometa hasta que se aleje del resplandor solar en las próximas semanas.
Los astrónomos Qicheng Zhang, del Observatorio Lowell, y Karl Battams, del Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos, publicaron un análisis preliminar en el repositorio arXiv en el que señalan que el ritmo de aumento de brillo del 3I/ATLAS supera con creces el de la mayoría de los cometas observados a distancias similares del Sol.
Entre las hipótesis propuestas, una sugiere que el cometa podría tener una estructura interna o una composición distinta a la de los cometas comunes del sistema solar. Es posible que esté formado por materiales más volátiles o que posea fracturas que faciliten una sublimación más intensa a medida que se acerca al Sol.
Otra posibilidad es que la sublimación del dióxido de carbono esté ocurriendo de forma inusual. Los datos indican que este proceso, normalmente dominante a grandes distancias del Sol, podría mantenerse activo más cerca de la estrella de lo esperado, generando un efecto de enfriamiento y retrasando la evaporación del hielo de agua.
La diferencia en la velocidad de brillo también podría estar relacionada con la rápida aproximación del cometa hacia el Sol o con una rotación irregular que expone distintas zonas del núcleo a la radiación solar. Cualquiera de estos factores puede influir en el desprendimiento de polvo y gas, los principales responsables del aumento de luminosidad.
Los científicos continúan siguiendo de cerca el comportamiento del cometa, que en las próximas semanas podría mantener su brillo, estabilizarlo o incluso desvanecerse de forma repentina. Cualquiera de estos escenarios ofrecerá información valiosa sobre los procesos físicos que ocurren en los cometas interestelares.
El 3I/ATLAS, aún en plena fase de observación, se ha convertido en un laboratorio natural para comprender cómo los materiales de otros sistemas estelares reaccionan a la radiación solar. Su estudio permitirá afinar modelos sobre la formación de los cometas y sobre la evolución química del espacio interestelar.