El calamar vampiro, un habitante de las profundidades entre 600 y 1.200 metros, acaba de convertirse en una pieza clave para entender cómo surgieron las dos grandes ramas evolutivas de los cefalópodos. Aunque su nombre engaña —no es un vampiro ni un calamar real—, conserva en su ADN señales antiguas que se remontan a cientos de millones de años.
Un equipo de investigadores de Austria y Japón logró secuenciar su genoma, descubriendo que supera los 11.000 millones de pares de bases. Es el mayor genoma de un cefalópodo analizado hasta ahora y uno de los más grandes del reino animal. Ese tamaño, lejos de ser una curiosidad, permitió reconstruir parte del mapa cromosómico que compartieron los ancestros de pulpos, calamares y sepias.
El genoma revela que el ancestro común era más parecido a un calamar que a un pulpo
El estudio muestra que el calamar vampiro mantiene rasgos genéticos antiguos propios de los decapodiformes —el grupo de calamares y sepias—, aunque hoy esté clasificado entre los pulpos por sus ocho brazos. Esto ha permitido identificar que, antes de separarse en dos líneas evolutivas, pulpos y calamares compartían una arquitectura cromosómica mucho más parecida de lo que se pensaba.
Mientras los decapodiformes conservaron esa estructura, los pulpos modernos atravesaron una fase de reordenamientos masivos de sus cromosomas. Ese proceso —llamado fusión-con-mezcla— habría sido clave para la aparición de adaptaciones complejas como su sistema nervioso avanzado, su capacidad sensorial y su notable plasticidad biológica.
Un linaje en la frontera entre dos mundos evolutivos
Los investigadores describen al calamar vampiro como una especie situada “en la interfaz” de ambas ramas. Sus genes conservan fragmentos del diseño ancestral que comparten pulpos y calamares, lo que permite observar cómo era el genoma antes de que las dos líneas divergieran hace más de 300 millones de años.
Para los científicos, estudiar al calamar vampiro es como recuperar una página perdida del árbol genealógico de los cefalópodos: una oportunidad única para reconstruir cómo se transformaron sus cromosomas, su morfología y sus capacidades a lo largo del tiempo.
Un avance que abre nuevas preguntas sobre la evolución marina
El trabajo también confirma que los cefalópodos modernos surgieron a partir de dos grandes ramas:
- Decapodiformes —calamares y sepias, con diez brazos.
- Octopodiformes —pulpos y el propio calamar vampiro, con ocho brazos.
Que el calamar vampiro conserve rasgos previos a esta división lo convierte en una pieza esencial para entender cómo evolucionaron funciones tan distintas entre estos grupos, desde el comportamiento hasta la bioluminiscencia o la estructura de su sistema nervioso.
Los autores del estudio destacan que aún falta por aclarar cómo y por qué se dieron ciertos reordenamientos genéticos. Pero coinciden en que esta secuenciación es un paso decisivo para comprender la historia profunda de unas criaturas que siguen siendo, incluso hoy, uno de los linajes más enigmáticos del océano.
Fuente: iScience