El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, confirmó que su país llevará a cabo más operaciones militares contra los cárteles de la droga en América Latina. La declaración refuerza la idea de que la campaña antidroga lanzada en el Caribe se transformará en un esfuerzo sostenido de largo plazo.
El anuncio se produce tras el ataque de la marina estadounidense contra un buque venezolano que supuestamente transportaba narcóticos ilegales. La operación, realizada el martes, dejó 11 muertos y ha generado gran controversia internacional por la falta de detalles sobre la justificación legal y las circunstancias exactas del incidente.
Hegseth defendió la acción y aseguró que “cualquier otro narcoterrorista que navegue en esas aguas enfrentará el mismo destino”. Añadió que Estados Unidos cuenta con recursos aéreos, navales y de inteligencia desplegados en la región para mantener la presión contra los grupos criminales.
El Pentágono se negó a detallar cómo se llevó a cabo el ataque contra el barco venezolano, alegando información clasificada. Tampoco precisó si la embarcación fue destruida por drones, misiles o algún otro armamento. Esta falta de claridad ha alimentado las críticas de juristas y expertos en derecho internacional.
Desde Caracas, el gobierno de Nicolás Maduro expresó su preocupación y acusó a Washington de utilizar como pretexto la lucha contra los cárteles para justificar operaciones militares que en realidad buscan desestabilizar a Venezuela. Hegseth respondió calificando a Maduro de “capo de un narcoestado”.
El episodio también involucra al grupo Tren de Aragua, señalado por Estados Unidos como organización terrorista desde febrero. Trump aseguró que la tripulación del barco pertenecía a esta banda criminal, aunque las autoridades venezolanas sostienen que el grupo fue desmantelado en 2023.
La escalada ocurre en paralelo al despliegue de siete buques de guerra y un submarino nuclear estadounidense en el Caribe, con más de 4.500 marinos e infantes de marina. Estas maniobras militares son vistas como una muestra de fuerza en una región donde Washington busca reforzar su influencia.
El futuro de esta campaña antidroga abre interrogantes sobre la estabilidad regional. Mientras el Pentágono insiste en que continuará las operaciones, organizaciones internacionales advierten que la estrategia podría tensar aún más las relaciones entre Washington y Caracas y aumentar el riesgo de incidentes en aguas disputadas.