Colombia cerrará 2025 con un crecimiento notable en energías renovables: el país alcanzó 2.685 megavatios instalados, casi un 50% más que el año anterior. Es un avance que confirma el interés de empresas nacionales e internacionales, pero también deja en evidencia que el sector aún enfrenta trabas que frenan su verdadero potencial.
Durante este año entraron en operación 27 nuevos proyectos de mediana y gran escala, la mayoría solares, además de tres parques eólicos y una iniciativa de biomasa. En conjunto, estas inversiones suman cerca de 2.900 millones de dólares, según la Asociación Colombiana de Energías Renovables (SER Colombia). Con estos desarrollos, las renovables ya representan el 13% de la capacidad total de generación eléctrica del país, un salto considerable frente al 2,5% registrado al cierre de 2023.
Entre las compañías que impulsaron nuevos proyectos figuran Atlas Renewable Energy, Ecoener, Grenergy, China Three Gorges, EDF Power Solutions y la colombiana Erco Energía. Para SER Colombia, esta diversidad de actores demuestra que el país sigue siendo atractivo para la inversión energética, siempre que existan reglas claras y un entorno previsible.
A este impulso se suma el crecimiento de los proyectos de autogeneración. Hogares, comercios, instituciones y minigranjas solares duplicaron su capacidad instalada hasta alcanzar 1.200 megavatios, una señal de que la transición también avanza desde lo local. Un ejemplo es Unergy, una empresa colombiana que logró levantar 4 millones de dólares y atraer compromisos por otros 80 millones para expandir su red de pequeños sistemas solares.
El Gobierno busca que esta expansión sea parte central de la estrategia energética del país: reducir la dependencia del carbón y el petróleo y avanzar hacia un modelo más sostenible. Sin embargo, los gremios coinciden en que todavía falta resolver obstáculos que frenan el despliegue del sector.
SER Colombia señala que, pese a los ajustes regulatorios recientes, el país aún requiere simplificar trámites, acelerar la puesta en operación de proyectos y facilitar el cierre financiero con los bancos. También insiste en la necesidad de avanzar en almacenamiento de energía con baterías, clave para asegurar la estabilidad del sistema en un país altamente dependiente de la hidroelectricidad.
Hoy, un proyecto renovable puede tardar entre tres y seis años en entrar en operación, y cerca del 70% de ese tiempo se consume en procesos administrativos. Esta carga burocrática, sumada a la resistencia en algunas comunidades y a demoras normativas, ha alejado a inversores internacionales de gran escala.
Un ejemplo reciente es la primera ronda de energía eólica costa afuera: de ocho empresas interesadas, solo una presentó oferta formal. Para el gremio, este resultado refleja la urgencia de revisar las reglas de juego si Colombia quiere competir en un mercado global cada vez más dinámico.
A pesar de todo, el balance general del año es positivo. Colombia avanza, pero aún necesita dar pasos firmes para que el crecimiento de las energías renovables no se quede a mitad de camino. Consolidar este impulso implica reducir trabas, modernizar la regulación y garantizar condiciones estables para atraer inversión en el largo plazo.
Fuente: Reuters