Un nuevo análisis de sedimentos extraídos del lago Stoneman, en Arizona, ha abierto una ventana de 230.000 años al pasado climático del suroeste de Estados Unidos. El resultado principal ha sorprendido a los investigadores: la región fue mucho más polvorienta entre las edades de hielo que durante ellas, un comportamiento que va en contra de lo observado en otras partes del planeta.
El estudio, publicado en Nature Communications y dirigido por científicos del Desert Research Institute, se basa en un núcleo de sedimento que ha acumulado polvo atmosférico, restos transportados por corrientes y materiales arrastrados de laderas desde tiempos remotos. Esa mezcla convierte al lago Stoneman en uno de los registros naturales más completos y continuos del suroeste.
El análisis muestra que, entre glaciaciones, cuando el clima era más cálido y seco, las laderas se erosionaron con mayor facilidad, liberando sedimentos finos que terminaron en el lago. Durante los periodos glaciales, en cambio, la región era más húmeda, con más vegetación y cuerpos de agua estables que fijaban el suelo e impedían la dispersión de polvo. Este patrón contrasta drásticamente con el de Asia, África o los desiertos del hemisferio norte, donde las edades de hielo suelen asociarse a paisajes más áridos y polvorientos.
Además del polvo, el núcleo conserva polen, cenizas volcánicas y sedimentos de distinta procedencia. Estos materiales ayudaron a reconstruir cómo cambiaron la vegetación y el relieve a lo largo de cada ciclo climático. Una de las sorpresas del estudio fue la longevidad del lago Stoneman, que ha persistido durante más de un millón de años incluso en fases de extrema sequía, lo que lo convierte en un archivo muy poco común.
Para los científicos, estas reconstrucciones profundas son esenciales para entender el presente. Hoy, gran parte del polvo que se eleva en el suroeste tiene origen humano: el sobrepastoreo, la expansión urbana y la alteración de zonas frágiles han transformado el paisaje y aumentado las emisiones de partículas. Contar con un registro que se remonta cientos de miles de años permite separar las variaciones naturales de los impactos recientes.
El estudio no logró identificar aún las fuentes exactas del polvo, pero el equipo planea analizarlas en investigaciones futuras. El núcleo contiene información que podría extenderse hasta un millón de años atrás, lo que permitiría rastrear cómo el clima del suroeste ha respondido a ciclos de hielo, calentamientos y cambios en la vegetación a lo largo de la historia profunda de la región.
Los autores subrayan que el polvo es un indicador sensible del estado de un paisaje. Y en una región donde la sequía, el calor y las actividades humanas continúan intensificándose, comprender cómo evolucionó el polvo en el pasado puede ayudar a anticipar los cambios que vienen.
Fuente: Desert Research Institute