El telescopio James Webb presencia una llamarada generada por el colosal agujero negro en el centro de nuestra galaxia
El James Webb logró observar una llamarada de Sagitario A* en el infrarrojo medio, un tipo de emisión nunca registrada con este nivel de detalle y que revela datos nuevos sobre la energía y el campo magnético del agujero negro central de la Vía Láctea
Autor - Aldo Venuta Rodríguez
4 min lectura
El centro de la Vía Láctea volvió a mostrar actividad y esta vez con un detalle que nunca se había conseguido. El James Webb registró una llamarada de Sagitario A* en el infrarrojo medio, una zona del espectro que hasta ahora había sido un punto ciego por culpa de la atmósfera terrestre. Observar en esta longitud de onda permite ver una parte del proceso que antes estaba escondida y entender mejor cómo se comporta la materia cuando se acerca al agujero negro.
Lo llamativo es que esta llamarada se parece mucho a las que ya se habían observado en el infrarrojo cercano, aunque no es idéntica. Esa diferencia es justo lo que buscaban los investigadores: comparando ambas bandas se puede reconstruir cómo evoluciona la energía que emite el material caliente alrededor de Sagitario A*.
El equipo de Sebastiano von Fellenberg, con sede en el Instituto Max Planck de Radioastronomía, usó el instrumento MIRI en un modo que permite medir varias longitudes de onda a la vez. Esto hace posible ver cómo cambia la llamarada casi instante por instante.
Pistas sobre el campo magnético del agujero negro
Lo más interesante de esta observación es que permitió detectar señales claras de “enfriamiento sincrotrón”, un proceso que ocurre cuando electrones muy energéticos pierden fuerza al moverse alrededor de campos magnéticos intensos. Estos cambios se ven en el brillo y en la forma en que la radiación evoluciona con el tiempo.
Hasta ahora, medir el campo magnético alrededor de Sagitario A* era complicado y dependía de varios supuestos. La información del infrarrojo medio hace que esta estimación sea más directa y más precisa. Esto ayuda a refinar modelos que intentan describir qué pasa exactamente en la región más cercana al horizonte de sucesos, donde la física se vuelve extrema.
No es que esta única llamarada lo explique todo, pero sí aporta una pieza que faltaba y que los investigadores querían desde hace años. Con ella es posible ajustar mejor la energía que emite la materia antes de caer definitivamente en el agujero negro.
Una visión más completa del corazón galáctico
Lo que hace especial al James Webb en este trabajo no es solo su sensibilidad, sino su capacidad para observar zonas del espectro que no llegan al suelo. Desde la órbita, el telescopio puede captar el infrarrojo medio sin interferencias y seguir la evolución de una llamarada durante el tiempo suficiente como para reconstruir su comportamiento.
El resultado no muestra un evento explosivo, sino un proceso muy dinámico donde la energía sube y baja en cuestión de minutos. Es una señal de que la región alrededor de Sagitario A* está en constante movimiento y responde a pequeñas variaciones del gas y del campo magnético. Verlo en directo y con esta claridad permite explicar mejor por qué algunas llamaradas son suaves y otras mucho más intensas.
El estudio también confirma que los flares del infrarrojo medio forman parte del mismo fenómeno que se ve en otras longitudes de onda, pero cada una muestra un matiz distinto. Juntas, las piezas encajan mucho mejor.
Lo que viene después
Los investigadores esperan repetir este tipo de observaciones y seguir ampliando la ventana del infrarrojo medio, que hasta ahora estaba prácticamente cerrada. Más datos así podrían revelar si el enfriamiento sincrotrón se comporta siempre igual, si depende de la intensidad del campo magnético o si varía según la cantidad de gas disponible alrededor del agujero negro.
Lo cierto es que, por primera vez, el James Webb está permitiendo estudiar a Sagitario A* con una precisión que antes no era posible. Esta llamarada no es solo un destello: es un vistazo directo a una región del universo donde la física roza sus límites.
Fuente: Space.com
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