España vive su verano más devastador en dos décadas, con 14 incendios activos que ponen en jaque a bomberos y servicios de emergencia. Las llamas avanzan alimentadas por vientos fuertes y temperaturas que rozan los 40 grados.
La superficie calcinada supera ya el tamaño de Londres, lo que evidencia la magnitud de una crisis que afecta a varias comunidades autónomas. El calor extremo y la sequía agravan un escenario que los expertos califican de crítico.
En Galicia, varios focos convergieron formando un megaincendio en Ourense, lo que obligó al cierre de carreteras y líneas de tren. En Zamora, decenas de familias tuvieron que ser evacuadas ante el avance de las llamas.
En Castilla y León, el incendio de Molezuelas de la Carballeda figura entre los más destructivos de la historia reciente. Se propagó a un ritmo de 4.000 hectáreas por hora, una velocidad difícil de contener incluso con grandes despliegues.
Extremadura también sufre. Cerca de Badajoz, un incendio devoró 2.500 hectáreas en pocas horas antes de ser estabilizado. Pese al control, el daño ambiental y económico ya es evidente en la región.
La Agencia Estatal de Meteorología alertó de riesgo extremo en el norte y oeste peninsular. Con temperaturas de hasta 40 grados en la costa cantábrica, las condiciones hacen que cualquier chispa pueda transformarse en un desastre.
El presidente Pedro Sánchez reconoció que la situación es “muy difícil” y llamó a la población a extremar precauciones. Las autoridades advierten de que el riesgo de nuevos focos sigue siendo máximo en los próximos días.
Las consecuencias no solo son ambientales. Tres bomberos resultaron heridos en Ourense y ya hay varios detenidos por provocar incendios. Entre ellos, un hombre que utilizó un tractor en una zona restringida y otros dos sospechosos en Galicia.